domingo, 3 de junio de 2012

La petite Mort.


Y aquí estoy, lleno de ideas profanas.
No se que decir, tan solo quiero hacerte sentir. Llegar a un climax mortuorio nunca antes visto, nunca antes sentido.
Cada vellosidad de mi hambriento cuerpo grita lujuriosamente por ti, lame la intensa necesidad de cada labio, de cada poro, de cada pliegue por morderte la vida, el alma,tu tez morena y cálida, tus cabellos reacios a dejarse gobernar, tu sangre roja como el intenso sol cuando quema las nubes y rompe la ciudad con el crepúsculo. Cada caricia cuando nos hemos vendido, tus besos míos han sido y logran saturar de emociones este hombre hambriento de ti,luna, hambriento de julieta.
Mis manos tiemblan, mis piernas retumban y mis ojos enloquecidos buscan penetrar a la mujer que con su suave ternura destruye todo lo concebido en el cuerpo.El aroma de tus senos se diluye en la frenética búsqueda de mis órganos, de mis sentimientos, de mi amor.
Rozar tus nalgas, mis dedos.Bajar cuidadosamente por el clima de tus piernas, mis dedos. Tocar tus rodillas y vislumbrar la esencia de tu sexo, mis dedos. Romper con la lengua la piel que impide que tu sangre sea para mi, mis dedos. Amarte independientemente de que seas mujer, mis dedos. Tocar con mis ojos tus pies e ir subiendo nuevamente, mis dedos. Juguetear con tu entrepierna y gritarle al oído, a la razón que te amo, mis dedos. Volcar toda sensación a un juego impertinente, mis dedos. Vagabundear sobre tus brazos para que mis dedos se junten con tus dedos y sacudir todo el planeta.
Espero, amo y vivo para ti, mujer de ingle inquieta, suave avena que mi boca egoísta desea comer, besar, endulzar. La muerte parece etérea en lo onírico de tus bragas, de tu hermoso ser.
Las mariposas en mi cuerpo dictan al chico rojo,corazón, que se ha enamorado y nada lo saca de su dulce habitación.
Es la vida que no tengo, la que me falta y la que daría, la que he regalado y el amanecer busca quitarnos.
No corras amor mío pues tu y yo haremos el amor...

Romeo.
Santa fe de Bogotá, 40 de diciembre de 1900


Al cerrar la carta ella se muerde los labios, pasa aquel papel por sus pechos y siente el aroma de el hombre que detrás de esas palabras busca inesperadamente amarla, sentirla y hundirle los miedos.
Agarra sus bragas con tanta suavidad que las pequeñas moscas que rondan aquella habitación de hotel en  Roma siente la cálida sensación del sexo.
Toma en sus manos una botella de vino, se dirige al baño, mira su reflejo en el agua tibia de su tina y comprende que por sus partes más censuradas corre la intensa sensación de una vida amañada.De la necesidad de su humanidad, de la perfección de su reflejo.
Pinta sus labios con un labial rojo candela y deja impregnado en el cristal donde yacen todos sus aromas la sensible levedad de su ser, la silueta de su alma, el beso de su muda melancolía.
Abre aquella deliciosa botella de vino, se introduce en la bañera palpando cada rasgo de su intimidad al tocar el agua sonríe y dispone a tocarse, a sentirse, a masturbarse, sabiendo que en la lejanía de su mundo, él consigue desentrañar todo signo y concepto de placer en su cuerpo.

Y al suspirar todo termino.


Sebastián Vélez A.