El sonido de unos golpecitos en la puerta me obligan a abandonar el letargo físico y mental que causa el mirar el techo sin percibir el fastidioso claquear del segundero. ¡Hector!, tanto tiempo sin verte, le digo mientras lo abrazo, noto su piel más pegada a sus huesos, su hajada mirada bajo esos lentes redondos y esa humanidad débil bajo su traje blanco.
-Estás muy flaco chico- Me dice el señor Lavoe al terminar nuestro abrazo- Noto tu piel má' pegada a tu' hueso' mi bro, tienes la mirada hajada bajo esos lentes redondos y se nota que tu humanidad está débil.
Entra y Lucas, mi perro, le lanza un ladrido e inmediatamente le mueve la cola y empienzan a jugar. Se sienta y le sirvo un Ron, prende su cigarrillo mientras en sus manos brillan plateadas formas de anillos. Se abalanza sobre un periódico, el de ayer, para ver a qué fecha ha llegado.
Hablamos un poco, con palabras forzadas, reímos, con igualmente risas forzadas, el aire se siente forzado, fuerte, duro, impenetrable. Siento el aroma a diferentes alcoholes y humos en sus palabras. Cierra los ojos y empieza a cantar; yo me hundo en su propio canto y se me olvida existir, se me olvida el mundo y su redonda forma.
La ventaja refleja una luna gigante que parece bailar la murga de Panamá, contenta, adornada, regordeta y elegante.
-Salgámo' chico- Me dice, bajando sus lentes.
Agarro mi abrigo y nos evaporamos en la neblina de mi ciudad. Caminamos cuadras enteras cantando sin cantar mientras la orquesta toca sin tocar. Los cerros nos protegen del mal, son nuestros santos que surcan la ciudad como testigos inertes de las aventuras de una metrópoli agobiada por el norte-suramericanismo.
Bogotá en su tranquilo e inmutable orden del caos. La vida nos regala momentos de locura intensa y halitos suficientes para repetirlas. La Fania All Stars, Stars, estrellas, estrelladas, aplastadas contra el pavimento negro que es el cielo en la noche.
Hector, me mira, sonríe, se chuta con su jeringa más preciada y me devuelve una sonrisa quebrada y gasificada, sonrisa de comedia, cae al abismo del caosmos.
-Quiero matar a alguien- le digo.
-Tranquilo bróder, cuando vuelvas a soñarme lo hacemo' juntos, respira mientras tanto la coca que es el aire de tu ciudá.
Despierto bañado en sudor, Lucas duerme a mi lado, en la radio suena "Una décima de segundo" de Antonio Vega. (https://www.youtube.com/watch?v=iwy309kLRyc)
Sebastián Vélez Aponte.
