sábado, 22 de junio de 2013

Un lugar para ser feliz así no me acompañe nadie salvo la música que viaja en el aire.

La noche empezaba tarde, más tarde de lo normal, algunos decían que era porque  la luna se arreglaba para una velada de funk rock en el centro de Bogotá, otros, más teóricos comentaban que se debía a que era el inicio del solsticio de verano. Me inclino más por la primera.

Subiendo a uno de esos aparatejos verdes alimentadores que alimentan  la feroz boca de  esos bus(c)efalópodos rojos recuerdo la hora y el lugar, pienso, divago, sonrío, me dejo llevar por los acordes que mi reproductor escupe sobre los oídos.

Calle 26, esta vez no es la misma ruta de siempre, esta vez es hacia esos rincones nocturnos que demuestran lo que es la ciudad, lo que hace, lo que sueña y lo que grita. Bajo de la estación y mi memoria evoca UN LUGAR hecho con citas de amor. Con un alto numero de aturdimientos causados por tacones, faldas, besos, robos,latidos ¡Pum Pum!¡Pum Pum! que me atañían desde la mañana intenté darme encuentro con una de esas amistades que demuestran que no solo puedo contar con mi ombligo,hace un buen tiempo no compartíamos juntos y al caer en cuenta que la última vez que habíamos derrotado a las penas juntos fue disfrutando lo mismo que nos unía esta noche; La fusión del Rap,Jazz y blues,¡Esto era todo un blues para el tórax! 

Cervezas,cigarros, anécdotas de almas encontradas por una misma causa, almas pretendiendo sanarse con la buena música, la revolución musical y social. Se sabe que la verdadera revolución nace en las crisis, crisis de humanidad. La revolución sin baile no es revolución y para ser bailable se debe sentir música, la perfecta cuadratura del circulo "¡Baila cabrón, baila, baila o muere"1  


Lucía Poesía caminaba por cada rincón del lugar de la mano de la luna que, como se había dicho, estaba preparándose para engalanar la noche. Un suave vestido de color pálido le cubría las piernas, bajaba por estas como el telón del teatro de los sueños, su lado oscuro era el baúl de los recuerdos por donde se llega AL OTRO LADO DEL OLVIDO, una balada jazz de Coltraine que deforma el espacio-tiempo de los asistentes,figura como el humo del cigarrillo que no se fumó y el aire que rompe el aire, intenta no respirar.


La mística sonora sigue mientras la araña recorre mis piernas subiendo y subiendo acariciando los deseos que se forjan desde la mente, forma redes de ilusiones sobre mi cabello y  como un tatuaje se plasma en mi hombro para permanecer allí, intacta y predispuesta a todo desasosiego en calma.

El brindis de la noche se dio por medio de las copas de la vida, alzo el vaso más vacío que yo y lo lleno de deseos vívidos, remordimientos y el olvidar de poner los pies en el suelo para sentirme mejor. Se brindó por el jazz y el blues, por la primer fotografía que fue tomada sin tabús, por la música de esos críos del rap de antes, por pintores y cinéfilos cantantes. Con los dedos se enumeraban sobre el cielo los Ramones, los Beatles y los Rolling Stones. Billie Holiday y Nina simone. Por el estilo y la manera de volar de Ray Charles. Brindamos por Janis Joplin,Jimmi Hendrix, Charles Chaplin. Va por Parker y por Marly. La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, por el búfalo de la noche y la belleza de Amelie. Kusturica y Scorsese, por Frida Kahlo y todo el dolor que en su obra aparece. Por el tango y por Fiodor Dostoievski. Un trago largo y doble en honor de Charles Bukowski y a la puta que se robo sus poemas. Por las Calles de Banksy por Warhol y su Art pop. Y claro, por el amor, el amor al Hip Hop. 

Voces femeninas inundan el salón.


Con la desazón de no haberme expresado bien, con el micrófono en una mano y el corazón en la otra, de haber dejado una mala impresión al hablar de la importancia que tenía este grupo para la percepción del Rap en Bogotá. Un rap pisoteado y mal visto, pordebajeado y algunas veces sin sentido, un rap preso de los esteriotipos, muy malos por cierto. Pero que sabiamente don Pet Fella supo calificar de experiencias únicas, el rap es eso, una experiencia personal que no puede ser clasificada, es vivencia y percepción. Siguieron algunas conversaciones con los habitantes de esa ciudad con paredes de bar.Del club de la resistencia.


Y al haber conocido esta noche "The dark side of the moon", el lado oscuro de la luna bogotana llegaba la hora de conocerla en Do,Re,Mi, Fa, Sol, La. Llegaba la hora de conocer el lado oscuro del corazón pues "Con la fuerza de gravedad que hay en esta ciudad y (sh)o sin un amor ¿Dónde iremos a parar?" Cada uno se internaba en lo más profundo de su habitación roja, como la sangre, descubriendo sus más oscuros brillos, descubriéndose a si mismos. 

-¿A qué me dijiste que te dedicabas? Era algo absurdo-
-Soy astronauta, escribo-
Y así fue como nos volvimos los tripulantes de esa nave, impulsada por la firmeza y fuerza de las 6 cuerdas de un bajo, vomitando sonidos de amores perdidos, disfrutando su última noche con los "Pequeños muchachos".Saxófonos bailables inundando el río del alma, guitarras y teclados al unísono y golpes de tambor que retumban el cuerpo.

Las teorías del caos se juntaban para darnos malos besos, besos perdidos, besos no dados, besos desperdiciados.


Mientras las noche se embriagaba al son bogotano bajábamos, dibujando la carrera séptima detrás de nosotros.Los espíritus que adornan la ciudad deambulaban sin rumbo alguno, buscando su propia supervivencia en la verde (?)  Bogotá, verde que te quiero verde(sería mejor gris que te quiero gris como dijo Chaparro Madiedo, grisaceamente perfecta)

Palabras que rondaban el aire melancólico, otra vez volvíamos a la realidad, a pensar en los líos de faldas, tacones, besos, amores,colchones,perfumes, tristezas y nostalgias.
Un abrazo para  finalizar la acolorada y cargada noche, aún la luna bailaba, aún volaba para Marte. 

Un taxi nos lleva hacia un lugar para ser feliz así no me acompañe nadie salvo la música que viaja en el aire.



"Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo.
Hubo un tiempo en que, no logrando concebir una eternidad que pudiera separarme de Mozart, no temía a la muerte. Lo mismo me sucedió con cada músico, con toda la música...
Sólo la música puede crear un complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte"
Émile Michel Cioran




Sebastián Vélez Aponte

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1. Efraim Medina Reyes "Lo que todavía no sabes del pez hielo"








martes, 18 de junio de 2013

Nos alzaron en brazos, descubrimos planetas, nos creímos tan fuertes como héroes de guerra.

Allí comprendí que tanto su alma como la mía dejarían de complementarse la una con la otra. Me dio un beso frío, labios rotos y abandonados a la niebla del día, se alejaba entre la multitud grasienta de Transmilenio y se formó en mi pecho un fuerte vacío, un vacío con forma. Subir las empinadas y ocres escaleras que conducen al barrio La Macarena con el peso que produce el vacío no es para nada agradable.

"Algo me oprime el pecho, es ella lo sé."

La luz se desangraba suavemente por los toscos espacios que dan las cortinas, el calor del día se filtraba por mi cara y marcaba el inicio del día. Los sonidos de un sórdido piano esfumaron el letargo físico que produce la mañana. Levanté la cabeza con suavidad para darme cuenta que una sexy y desnuda mujer con forma de soledad, sentada al frente del piano (¿Piano? ¿En mi habitación?) Interpretaba las notas que me aturdían esa mañana, no tardé en descubrir que era mi más oscuro demonio.
-¿Qué haces aquí? ¿Por qué otra vez, soledad?
-Ya lo sabes, estamos condenados tú y yo.
-Pero… Pero….
-No te hagas, sabes que ella se aburre de ti, sabes que por más que me niegues somos uno. Sabes que no eres eterno en el alma de ella.

Bogotá, ciudad gris, ciudad de pecados, ciudad de smog y ballenas gigantes retumbando sobre el asfalto la inevitable  sonrisa hipócrita de sus habitantes.
La ruta de siempre, Fontibón-Germania, expedía un humo triste y melancólico que cubría la calle 26. Una ciudad grisáceamente perfecta, monótona pero poética donde se desarrollaban las más inútiles formas de existencia, donde los hijos del suburbio deambulaban pintando los pisos y paredes de una ciudad en el cielo, que pedía a gritos liberarse.
Como siempre midiendo mi tiempo con canciones, pasa 1, pasan 2, pasan 3 y no hago más que fulminar mis pensamientos con las palabras que recibí ésta mañana, ¡Claro que sí! Sabía que todo se iba esfumando, que las palabras de esa (Puta) soledad eran más reales que yo. Que la mujer a la que había dedicado mis pasos durante los últimos meses iba cayendo en el abismo de la muerte, muerte bogotana, muerte de mi amor. Cerré los ojos e intenté mantener en la palma de mi mano el mayor número de recuerdos bonitos. Sentí la calida sombra del recuerdo por mi mente, como subía desde la punta de los dedos y abrazaba con fervor las neuronas que me componen. Pasamos tanto tiempo dibujando la carrera séptima a nuestros pies que su olor se había impregnado en las materas que humanizan éste corredor vial, corredor del destino. Aquellos sábados de sol y bancas, charlas y jugos, gente y globos. Hombres de calle que partían la ciudad a sus espaldas, donde su frontera llega a la calle 72, prohibido el paso, usted no existe, jugaras a ser humano y perderás. Desechables han sido marcados ya. Lunes y viernes del parque de una supuesta independencia, las bajadas desde la macarena, lugar de subidas vertiginosas, ladrillos con forma desgastada y  su  plaza aburrida, ¡lindo lugar!. Su oreja en mi panza, sintiendo esos pterodactilos que consumían cada mal sentimiento, esos ojos cafés amargo, cafés penetrantes y funambulistas.
La ciudad se oxidaba a mi alrededor, todos sus selváticos edificios de papel, de muerte triste de soledad criminal amenazaban con caer encima de mis desgracias. Vivía una especie de pelea interna con la soledad donde Bogotá era un acuario gigante, el campo de juego donde las manos danzan y los pies se camuflan ante un sin numero de  zapatos de charol, corbatas y aparatejos de 4 ruedas con forma de ballena. Su vacío me llenaba, me llené tanto de su ausencia que mi ser quedó con ella.

La universidad emanaba una especie de dulce calma, todos aquellos universitarios que callan en paredes, blancas negruras de nuestras condolencias que como bogotanos nos tocó padecer.
-       No te opongas, sabes que vives en sus recuerdos, ya no eres tú, eres ella.
-       ¿Otra vez tú? ¡Déjame en paz¡ - le dije con un tono triste, pero más feliz que los demás, estaba sentada a mi lado, esta vez con forma de ángel de la muerte en un vestido verde oscuro, en los balcones que componen el ala sur, ala de mis sueños, ala de cristal
-       En esta ciudad, tu campo de juego, tu agonía. Sabes que estás hecho solo para mí, las calles te gritan eso, por más que me niegues con tus patéticas escrituras en las paredes, sillas y mentes, sabes que acabaras en una cama haciéndome el amor.

Opté por no ponerle atención, enredarme los audífonos en mis cabellos crespos y componer la maldita dulzura de una tortuga gigante y muy sabia que deleitaba mis sentidos, tortuga solitaria que Michael Ende supo componer en su más grande historia interminable, Vetusta Morla. Sabía que eso la alejaría un tiempo.

Me gustaba soñar con Freddy Mercury, Jhon Lennon y Kurt Cobain(Mis amigos, como siempre mofándose de esto). Me pedían a gritos que los sacara de mis sueños, que vivían placidamente en el asteroide B-612, un lugar como Bogotá, un lugar pintado de otro color, un lugar hecho con tizas de amor, un lugar donde la música viaja en el aire y delimita las fronteras de placer que solo me dan los viajes en los que me aventuro dentro de mí.


La candelaria, con sus teatros, arlequines soñadores y bellezas coloniales daba la antesala para las lluvias que se vendrían sobre la ciudad, una nube se tragaba la tan inmensa Bogotá y desde los lejanos rincones de la Luis Ángel Arango, el burdel de lucho, donde las más putas poesías se apoderaban de hombres y mujeres echados a la melancolía como yo. Arañas recorriendo mi hombro izquierdo y dibujando la biología de mí ser, de mi alma, mis 21 gramos.Los recuerdos no se hacen esperar y se deslizan sobre mí como si aún estuviera en el vientre de mi madre, cálidos y húmedos;  pensamientos deshilachan mis barbas y masacran el tiempo haciéndose perdurables por eternidades finitas en mi subconsciente inconsciente sin consciencia.Y aparezco allí, sentado, allí donde solíamos gritar.   

Decidí aceptar esa oscura profecía que se cierne sobre mis cabellos, aquella que gritan los suelos que ando, aquella que como cangrejos se introducen succionando mi cabeza, mi mente, mis pensamientos.

Me alejo dejando una estela de paz interior sobre el césped,arrancando las fantasmagóricas caras de los aturdidos transeúntes con sonrisas que a sus ojos no son más que la locura y desfachatez de los que no desean ser el perro del gato capitalista.

Sé que esa puta(Mi puta) volverá, volverá a tocar el piano, a joderme hasta el fin del mundo. Me pierdo en los dedos de alguien con olores penetrantes pues nos alzaron en brazos, descubrimos planetas, nos creímos tan fuertes como héroes de guerra.





SEBASTIÁN VÉLEZ APONTE.