domingo, 17 de noviembre de 2013

Gira el mundo, gira el hambre y un revolver en la mesa.

El techo resquebrajado vertía su sutil veneno en mi rostro, envolvía los cabellos y bajaba bordeando las gafas ya absorbidas por el tiempo, testificando silenciosamente las vivencias ya derramadas en la memoria sin decir nada, furtivas de un tiempo que se quebraba bajo los lentes; tocaban la piel mientras la despojaban de su agua vital deshidratándola de vida y por último tocando cada vello de mi barba y bigote, pululando como insectos secos en la hojarasca muerta para bajar lenta, viscosa y sigilosamente por mi garganta, un trago seco y sonámbulo, sin dueño.

La cama daba vueltas girando en torno a mi dorso desnudo, la irrealidad se hacía presente y todo parecía indicar que era producto del letargo físico-mental que produce el despertar luego de una noche estrellada contra mi almohada. 

Leo en mis crisis alcohólico-literarias, un relato corto que he bebido de una lata gris de cerveza y eso me tensa, me sustrae, me deja flotando y me expulsa al mundo de manera seca; escupe las verdades sobre mis neuronas y me abandona en el abismo. La vista se me nubla como el humo asqueroso de los buses que recorren, dejando lágrimas, el asfalto capitalino. 
Todo es confuso, la habitación se desmorona y me encuentro desnudo frente al frío blanco del vacío, el blanco que llena la oscuridad. Busco un color más oscuro que el negro, más oscuro, más oscuro… 
El aire recorre mis más secretas filias y los más incoherentes deseos sexuales sobre pantalones de rosas pegados a las piernas. Mi alma se separa del cuerpo que la encierra y en 0.2 segundos estamos a miles de kilómetros alejados . Me veo al fondo pero no soy yo, ¡No!, no lo soy, es mi carne pero no soy yo, mi sombra, a mi lado, me repite palabras sin sentido que el aire corta. La hilaridad de esta irrealidad me asusta, me agobia, me somete a un sueño profundo. ¡Pum! Me quemé.

Mientras abro los ojos las pequeñas partículas que cubren el espacio que me separa del techo roto caen para hacerme saber que mi sombra se volvió contra mí. Sentada en un sillón al lado de la cama me mira mientras fuma y sigue repitiendo las mismas palabras aparentemente incoherentes. En el espejo veo mi rostro mientras me ataca, persigo mi reflejo y rompo sus cristales en un despiadado país de las maravillas.
Bogotá se levanta ante las hordas furibundas que, a paso militar, descienden por la estación de la calle 100 para ser engullidos por esa gigante cámara de gas roja que amarra y vomita los sueños de todos, ahorca sus cuellos con una bella corbata de quinientos mil pesos, enmudece sus hombros con un bolso de trescientos mil pesos que le marca la espalda. Se rompió el reloj que ataba el reloj a las horas, cada número, cada minuto cae rompiendo el cráneo, la puta incoherencia; pues qué es el tiempo si no una cadena de mierda que nos ata al mundo material, que nos arruga el alma y los sesos. El caosmos que rompe el aire desde el cielo desmantela mis paredes, las decolora e irrumpe en mi sueño lúcido, ¿lucidez? ¿luz? ... Estrellas, caos, todo se derrumba a mi alrededor como antes, el universo es de papel y cada trazo destroza el blanco, cada trazo degolla la tranquilidad, guerras de ambigüedades y dicotomías. El cielo se abre devorando la ciudad ferozmente, la mirada me desvía al agente de la destrucción, a-gente,sin-gente , policía, autoridad, mierda, intrusión. Todo se acaba, el tiempo ya derretido pasa insoportablemente lento y soy el último, nada más queda.
Despierto en mi habitación, poco antes de las 6 sonó el despertador, y nada era verdad, yo era mentira. Amanecí borracho de tus nalgas mientras el caosmos vuelve a su inestable quietud, nada es igual ahora y desde mi cama observo como gira el mundo, gira el hambre y un revolver en la mesa.











"Un hombre auto-destructivo se siente completamente enajenado, totalmente solo. Él es una persona ajena a la comunidad humana. Piensa de sí mismo: "Debo estar loco". Lo que no sabe es que la sociedad tiene, al igual que él, un interés establecido en pérdidas y catástrofes considerables" Walking life- Self destructive man.





Sebastián Vélez Aponte.

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