Dos sujetos, y otros dos, una chica y un melancólico sonar de labios y gargantas, de Neruda y ansiedad.
El viento no ha muerto pero ha callado, se ha inmutado, pues las circunstancias lo a meritan mientras me doblego ante cuatro amantes y sus voces sobre la urna enmarañada de mi recinto impenetrable, burdo y voraz : Cabeza.
Las luces se encienden, una noche más rasga con sus impertinentes acompañantes una vulnerable manta de viernes, desde ahora, viernes noctambulo.
No mires el reloj, no hacen falta las arenas del tiempo que recubren tu sensibilidad corporal, en tercera y primera persona, en sombrillas colo purpura y libros añejados en un estante sin moral.
Una araña recorre mi hombro, la agarra y hace de este su hospedador : Yo, muestra de telerañas envueltas de pensamientos y virilidad, de mujeres y busetas, música y poesía.
Los dientes enmudecen y se acaban los sonidos, las vertientes sin significados, palabras heridas sin sintaxis, sin dialéctica y aún así pluscuamperfectas. Tanto por clamar, tanto que llenar. La luna fluye como pepa sobre el mar. Mis cabellos se resignan a caer sobre aquella araña en mi piel. Los dedos se enfrían y es hora de dormir.
Un diccionario, Dalí y mil ideas esperan.
Adiós.
Sebastián Velez A.
Sebastián Velez A.
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