lunes, 9 de diciembre de 2013

Filhos de Bacatá

El sábado se asomó  de mano del letargo físico-mental que causa el pasar la noche/madrugada charlando con los dioses del guarapo; y por subestimar sus raíces y no tomar en serio toda la historia que tiene en sus sagrados y etílicos sabores recibo mi castigo y el sol boyacense acaricia mi rostro en los absurdos parajes del "guayabo"

Cielo Cundiboyacense,  y los ancestros muiscas; Zipaquirá, Ubaté, Chiquinquirá y Villa de Leyva, cuidando las rutas de los hijos de Bogotá que rompiendo la carretera intentaban desnudarse de las monotonías para embriagarse con todo el poder del samba, y el retumbar de las percusiones, que retumban en cada de sus células. 


Callecitas empedradas, injustas y asesinas de pies para algunos o belleza colonial para otros.
Las carpas se elevaron, hogares provisionales que albergarían la efusividad que se produjo en aquel pueblo custodiado de enormes gigantes verdes y montañosos.

Qué importaba la dualidad y bipolaridad del clima, qué importaba ser yo el intruso en ese juego de tambores y bailes. La lluvia se cernía sobre la ciudad y su plaza, un aguacero que quería detener toda expresión cultural  junto con aquellos "dueños" del pueblo y sus peones, los agentes de traje verde brillante vomitivo;agentes de policía, a-gentes, Sin gente, no son gente.

En un pequeño recinto fue el principio para la fiesta, los hijos de Bogotá salían a destruir estereotipos y reglas de prohibición, salían a convertir el pueblo en una villa musical y eufórica, convertir los ánimas exacerbados en muelles verdeamarelos donde la tormenta del samba atracara.
Aquellos ritmos y sonidos retumbantes hacían caer en la cuenta que esta es la única salida,la única puerta abierta en un salón de muchas puertas cerradas, la escapatoria de la realidad, aquella realidad injusta y arbitraría. Las gotas de agua bailando en cada parche de cada Zurdo hacían pensar que la música no se creó ni en Brasil, ni en Colombia, se creó en el mundo y no era más que el aliciente suficiente para saber que nunca callarán el retumbar de los pies y los tambores, las expresiones de cada uno de estos seres que junto con sus baquetas, manos y cuerpos gritaban al mundo todas las dolencias que como humanos tocó padecer. Cada centimetro de la dermis se confundía con el palpitar del corazón que, unido por un corto hilo, rebotaba en cada instrumento y así mismo, como una tela de araña, se unía con cada habitante, cada espectador que extasiado por el buen arte dejaba que sus mejillas y sus medias se dejaran guiar por la caída de las gotas que caían desde un cielo donde un dios absorto y desocupado moría de la colera ante tanta magnificencia.Dios a fin de cuentas, ese aburrido privilegio que le tocó; la perfección, que le impedía disfrutar de esta imprefección humana.

La perpetuidad del momento se notaba a cada paso, solo palabras de agradecimiento y felicidad, intentando describir sentires infinitos con palabras finitas. Otra vez  los dioses del guarapo se adueñaban de las gargantas, cebada y licor fuerte, de anís, lideraban la noche.
Las velitas del tan característico siete de diciembre alumbraban en su honor, el samba se escuchó en el aire con cada estallido de polvora desde la plaza.

Lo que siguió fueron momentos de excitación post-toque, alegrías, brindis y sueños cumplidos.

Al final, no importó cuantas botellas y cajas vacías adornaban el recinto, cuantos guayabos se afrontaron, solo importaba la mañana que llegaba con un sol que buscaba cada carpa donde se refugiaba del absurdo frío cada criaturilla hija de Bogotá, el sol agradecido con ellos por devolverle su reinado sobre una tierra que suda día a día su supervivencia en un absurdo mundo salvaje donde los últimos gritos de la moda no dejan de ensordecer las tradiciones de la papa y el guaro, la ruana y el amor a la tierra. "Vientos de libertad sangre combativa"

Otra vez en carretera, aquel aparatejo de cuatro ruedas regresando a la realidad, masticando cada pedazo de asfalto a su paso y dejando sueños aún por cumplir, pues un sueño cumplido es un deseo ya muerto, sin sentido, sin vida.

Los Filhos de Bacatá volvían a casa, a su madre.

Gracias a cada uno por recibirme y dejarme mirar desde el exterior esa gran familia, por bendecirme con los poderes metafísicos del guarapo y demás bebidas alcohólicas.
Gracias por recibirme en "Batacálandia"

AH! COMO É QUE É! FILHOS DE BACATÁ!





Ahora cambio litros de alcohol por litros de tinta.


Filhos de Bacatá

Sebastián Vélez Aponte.




domingo, 17 de noviembre de 2013

Gira el mundo, gira el hambre y un revolver en la mesa.

El techo resquebrajado vertía su sutil veneno en mi rostro, envolvía los cabellos y bajaba bordeando las gafas ya absorbidas por el tiempo, testificando silenciosamente las vivencias ya derramadas en la memoria sin decir nada, furtivas de un tiempo que se quebraba bajo los lentes; tocaban la piel mientras la despojaban de su agua vital deshidratándola de vida y por último tocando cada vello de mi barba y bigote, pululando como insectos secos en la hojarasca muerta para bajar lenta, viscosa y sigilosamente por mi garganta, un trago seco y sonámbulo, sin dueño.

La cama daba vueltas girando en torno a mi dorso desnudo, la irrealidad se hacía presente y todo parecía indicar que era producto del letargo físico-mental que produce el despertar luego de una noche estrellada contra mi almohada. 

Leo en mis crisis alcohólico-literarias, un relato corto que he bebido de una lata gris de cerveza y eso me tensa, me sustrae, me deja flotando y me expulsa al mundo de manera seca; escupe las verdades sobre mis neuronas y me abandona en el abismo. La vista se me nubla como el humo asqueroso de los buses que recorren, dejando lágrimas, el asfalto capitalino. 
Todo es confuso, la habitación se desmorona y me encuentro desnudo frente al frío blanco del vacío, el blanco que llena la oscuridad. Busco un color más oscuro que el negro, más oscuro, más oscuro… 
El aire recorre mis más secretas filias y los más incoherentes deseos sexuales sobre pantalones de rosas pegados a las piernas. Mi alma se separa del cuerpo que la encierra y en 0.2 segundos estamos a miles de kilómetros alejados . Me veo al fondo pero no soy yo, ¡No!, no lo soy, es mi carne pero no soy yo, mi sombra, a mi lado, me repite palabras sin sentido que el aire corta. La hilaridad de esta irrealidad me asusta, me agobia, me somete a un sueño profundo. ¡Pum! Me quemé.

Mientras abro los ojos las pequeñas partículas que cubren el espacio que me separa del techo roto caen para hacerme saber que mi sombra se volvió contra mí. Sentada en un sillón al lado de la cama me mira mientras fuma y sigue repitiendo las mismas palabras aparentemente incoherentes. En el espejo veo mi rostro mientras me ataca, persigo mi reflejo y rompo sus cristales en un despiadado país de las maravillas.
Bogotá se levanta ante las hordas furibundas que, a paso militar, descienden por la estación de la calle 100 para ser engullidos por esa gigante cámara de gas roja que amarra y vomita los sueños de todos, ahorca sus cuellos con una bella corbata de quinientos mil pesos, enmudece sus hombros con un bolso de trescientos mil pesos que le marca la espalda. Se rompió el reloj que ataba el reloj a las horas, cada número, cada minuto cae rompiendo el cráneo, la puta incoherencia; pues qué es el tiempo si no una cadena de mierda que nos ata al mundo material, que nos arruga el alma y los sesos. El caosmos que rompe el aire desde el cielo desmantela mis paredes, las decolora e irrumpe en mi sueño lúcido, ¿lucidez? ¿luz? ... Estrellas, caos, todo se derrumba a mi alrededor como antes, el universo es de papel y cada trazo destroza el blanco, cada trazo degolla la tranquilidad, guerras de ambigüedades y dicotomías. El cielo se abre devorando la ciudad ferozmente, la mirada me desvía al agente de la destrucción, a-gente,sin-gente , policía, autoridad, mierda, intrusión. Todo se acaba, el tiempo ya derretido pasa insoportablemente lento y soy el último, nada más queda.
Despierto en mi habitación, poco antes de las 6 sonó el despertador, y nada era verdad, yo era mentira. Amanecí borracho de tus nalgas mientras el caosmos vuelve a su inestable quietud, nada es igual ahora y desde mi cama observo como gira el mundo, gira el hambre y un revolver en la mesa.











"Un hombre auto-destructivo se siente completamente enajenado, totalmente solo. Él es una persona ajena a la comunidad humana. Piensa de sí mismo: "Debo estar loco". Lo que no sabe es que la sociedad tiene, al igual que él, un interés establecido en pérdidas y catástrofes considerables" Walking life- Self destructive man.





Sebastián Vélez Aponte.

sábado, 27 de julio de 2013

No hay un desierto hay vergel lleno de flores de papel.

8:15 Pm ¿Quién escucha ahora mismo Rock transgresivo?

Rock urbano, de la urbe sin sentimiento. Guitarras rotas de poetas rotos bajo la noche pintada de cafeína y los cielos que amenazan con destruir la ciudad. Analgésicos del cuerpo que escuchan el alma de hombres y mujeres hijos de las montañas, de la cordillera que cruje por el centro de este país indolente.

El cigarro se esfuma corrompiendo mis manos entumecidas ¿Qué hago aquí? Calle 72 con pequeñas mariposas y bellas libélulas que sirven como caballos del diablo llevando en su lomo a don Cortázar extendiendo su mano en la lanuda mochila que mis hombros soportan. Siguiendo pasos invisibles de los impulsos que gritan y sofocan mis entrañas.

Asesinando silencios sordos en mis oidos, curando palabras que sangran.

No pretendo entendimiento, fluye, letra endemoniada que carcome los huesos, fluye todo lo que quieras, envenena la hoja donde escribo y vomito recuerdos.
 Voces electrifican el aire mientras se desnudan a mi alrededor revolcando y reorganizando mi espacio-temporal, mi habitación favorita; espacio vacío, y generando duendes detrás de mi cabeza, escondidos en el cabello.La luna se fragmenta en pequeños trozos que caen, caen, caen y se hunden temerosos en mi taza para luego ser ingeridos y hacer que mis ropas se fundan con la atmósfera.

Soy el ladrón de figuras humanas, robo rostros, nalgas, curvas de derrier, pantalones y sonrisas y los introduzco a la fuerza en lo más recóndito de mis mochilas. Colores se revuelcan pidiendo salir con esa voz aguardientosa que se confunde con el afán (Mucho, mucho ruido) de las busetas, animales amarillos y demás bichos eufemistas que comen y alimentan las calles y urbes, Rock urbano.

Todo se diluye en mis dedos que son como diez cangrejitos en las playas de la tinta naranja.

El café nubla la memoria, los instantes precisos de la vida en cuatro movimientos, una dulce introducción al caos y una coda flamenca. En el segundo mismo donde la noche de desmorona como telón de teatro todo acaba y los ladrillos que conforman la infinita ruta que elijo coger me cantan al oído succionando todo retazo de miedo. "Buscando mi destino, viviendo en diferido, sin ser, ni oír, ni dar"

Me voy acompañado de unas sensuales piernas de tela que me clavan sus tacones azules en las pupilas mientras se alejan contoneando sutilmente y muy sensualmente los pantalones que asfixian los poros y dan besos agrietados. Se dividen caóticamente en una mitosis multicultural que inundan el asfalto y van dejando una estela que con dificultad se ve, solo yo la percibo y sus olores me invitan a seguirlas a un vergel lleno de flores de papel.
  
¡Mierda¡ Se me enfría el café.

 8.36 Pm.


"Sueño que empieza otra canción,vivo en el eco de su voz entretenido. Sigo la estela de su olor que me susurra ¡vámonos! ¡VENTE CONMIGO!" 




Sebastián Vélez Aponte.

sábado, 22 de junio de 2013

Un lugar para ser feliz así no me acompañe nadie salvo la música que viaja en el aire.

La noche empezaba tarde, más tarde de lo normal, algunos decían que era porque  la luna se arreglaba para una velada de funk rock en el centro de Bogotá, otros, más teóricos comentaban que se debía a que era el inicio del solsticio de verano. Me inclino más por la primera.

Subiendo a uno de esos aparatejos verdes alimentadores que alimentan  la feroz boca de  esos bus(c)efalópodos rojos recuerdo la hora y el lugar, pienso, divago, sonrío, me dejo llevar por los acordes que mi reproductor escupe sobre los oídos.

Calle 26, esta vez no es la misma ruta de siempre, esta vez es hacia esos rincones nocturnos que demuestran lo que es la ciudad, lo que hace, lo que sueña y lo que grita. Bajo de la estación y mi memoria evoca UN LUGAR hecho con citas de amor. Con un alto numero de aturdimientos causados por tacones, faldas, besos, robos,latidos ¡Pum Pum!¡Pum Pum! que me atañían desde la mañana intenté darme encuentro con una de esas amistades que demuestran que no solo puedo contar con mi ombligo,hace un buen tiempo no compartíamos juntos y al caer en cuenta que la última vez que habíamos derrotado a las penas juntos fue disfrutando lo mismo que nos unía esta noche; La fusión del Rap,Jazz y blues,¡Esto era todo un blues para el tórax! 

Cervezas,cigarros, anécdotas de almas encontradas por una misma causa, almas pretendiendo sanarse con la buena música, la revolución musical y social. Se sabe que la verdadera revolución nace en las crisis, crisis de humanidad. La revolución sin baile no es revolución y para ser bailable se debe sentir música, la perfecta cuadratura del circulo "¡Baila cabrón, baila, baila o muere"1  


Lucía Poesía caminaba por cada rincón del lugar de la mano de la luna que, como se había dicho, estaba preparándose para engalanar la noche. Un suave vestido de color pálido le cubría las piernas, bajaba por estas como el telón del teatro de los sueños, su lado oscuro era el baúl de los recuerdos por donde se llega AL OTRO LADO DEL OLVIDO, una balada jazz de Coltraine que deforma el espacio-tiempo de los asistentes,figura como el humo del cigarrillo que no se fumó y el aire que rompe el aire, intenta no respirar.


La mística sonora sigue mientras la araña recorre mis piernas subiendo y subiendo acariciando los deseos que se forjan desde la mente, forma redes de ilusiones sobre mi cabello y  como un tatuaje se plasma en mi hombro para permanecer allí, intacta y predispuesta a todo desasosiego en calma.

El brindis de la noche se dio por medio de las copas de la vida, alzo el vaso más vacío que yo y lo lleno de deseos vívidos, remordimientos y el olvidar de poner los pies en el suelo para sentirme mejor. Se brindó por el jazz y el blues, por la primer fotografía que fue tomada sin tabús, por la música de esos críos del rap de antes, por pintores y cinéfilos cantantes. Con los dedos se enumeraban sobre el cielo los Ramones, los Beatles y los Rolling Stones. Billie Holiday y Nina simone. Por el estilo y la manera de volar de Ray Charles. Brindamos por Janis Joplin,Jimmi Hendrix, Charles Chaplin. Va por Parker y por Marly. La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, por el búfalo de la noche y la belleza de Amelie. Kusturica y Scorsese, por Frida Kahlo y todo el dolor que en su obra aparece. Por el tango y por Fiodor Dostoievski. Un trago largo y doble en honor de Charles Bukowski y a la puta que se robo sus poemas. Por las Calles de Banksy por Warhol y su Art pop. Y claro, por el amor, el amor al Hip Hop. 

Voces femeninas inundan el salón.


Con la desazón de no haberme expresado bien, con el micrófono en una mano y el corazón en la otra, de haber dejado una mala impresión al hablar de la importancia que tenía este grupo para la percepción del Rap en Bogotá. Un rap pisoteado y mal visto, pordebajeado y algunas veces sin sentido, un rap preso de los esteriotipos, muy malos por cierto. Pero que sabiamente don Pet Fella supo calificar de experiencias únicas, el rap es eso, una experiencia personal que no puede ser clasificada, es vivencia y percepción. Siguieron algunas conversaciones con los habitantes de esa ciudad con paredes de bar.Del club de la resistencia.


Y al haber conocido esta noche "The dark side of the moon", el lado oscuro de la luna bogotana llegaba la hora de conocerla en Do,Re,Mi, Fa, Sol, La. Llegaba la hora de conocer el lado oscuro del corazón pues "Con la fuerza de gravedad que hay en esta ciudad y (sh)o sin un amor ¿Dónde iremos a parar?" Cada uno se internaba en lo más profundo de su habitación roja, como la sangre, descubriendo sus más oscuros brillos, descubriéndose a si mismos. 

-¿A qué me dijiste que te dedicabas? Era algo absurdo-
-Soy astronauta, escribo-
Y así fue como nos volvimos los tripulantes de esa nave, impulsada por la firmeza y fuerza de las 6 cuerdas de un bajo, vomitando sonidos de amores perdidos, disfrutando su última noche con los "Pequeños muchachos".Saxófonos bailables inundando el río del alma, guitarras y teclados al unísono y golpes de tambor que retumban el cuerpo.

Las teorías del caos se juntaban para darnos malos besos, besos perdidos, besos no dados, besos desperdiciados.


Mientras las noche se embriagaba al son bogotano bajábamos, dibujando la carrera séptima detrás de nosotros.Los espíritus que adornan la ciudad deambulaban sin rumbo alguno, buscando su propia supervivencia en la verde (?)  Bogotá, verde que te quiero verde(sería mejor gris que te quiero gris como dijo Chaparro Madiedo, grisaceamente perfecta)

Palabras que rondaban el aire melancólico, otra vez volvíamos a la realidad, a pensar en los líos de faldas, tacones, besos, amores,colchones,perfumes, tristezas y nostalgias.
Un abrazo para  finalizar la acolorada y cargada noche, aún la luna bailaba, aún volaba para Marte. 

Un taxi nos lleva hacia un lugar para ser feliz así no me acompañe nadie salvo la música que viaja en el aire.



"Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo.
Hubo un tiempo en que, no logrando concebir una eternidad que pudiera separarme de Mozart, no temía a la muerte. Lo mismo me sucedió con cada músico, con toda la música...
Sólo la música puede crear un complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte"
Émile Michel Cioran




Sebastián Vélez Aponte

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1. Efraim Medina Reyes "Lo que todavía no sabes del pez hielo"








martes, 18 de junio de 2013

Nos alzaron en brazos, descubrimos planetas, nos creímos tan fuertes como héroes de guerra.

Allí comprendí que tanto su alma como la mía dejarían de complementarse la una con la otra. Me dio un beso frío, labios rotos y abandonados a la niebla del día, se alejaba entre la multitud grasienta de Transmilenio y se formó en mi pecho un fuerte vacío, un vacío con forma. Subir las empinadas y ocres escaleras que conducen al barrio La Macarena con el peso que produce el vacío no es para nada agradable.

"Algo me oprime el pecho, es ella lo sé."

La luz se desangraba suavemente por los toscos espacios que dan las cortinas, el calor del día se filtraba por mi cara y marcaba el inicio del día. Los sonidos de un sórdido piano esfumaron el letargo físico que produce la mañana. Levanté la cabeza con suavidad para darme cuenta que una sexy y desnuda mujer con forma de soledad, sentada al frente del piano (¿Piano? ¿En mi habitación?) Interpretaba las notas que me aturdían esa mañana, no tardé en descubrir que era mi más oscuro demonio.
-¿Qué haces aquí? ¿Por qué otra vez, soledad?
-Ya lo sabes, estamos condenados tú y yo.
-Pero… Pero….
-No te hagas, sabes que ella se aburre de ti, sabes que por más que me niegues somos uno. Sabes que no eres eterno en el alma de ella.

Bogotá, ciudad gris, ciudad de pecados, ciudad de smog y ballenas gigantes retumbando sobre el asfalto la inevitable  sonrisa hipócrita de sus habitantes.
La ruta de siempre, Fontibón-Germania, expedía un humo triste y melancólico que cubría la calle 26. Una ciudad grisáceamente perfecta, monótona pero poética donde se desarrollaban las más inútiles formas de existencia, donde los hijos del suburbio deambulaban pintando los pisos y paredes de una ciudad en el cielo, que pedía a gritos liberarse.
Como siempre midiendo mi tiempo con canciones, pasa 1, pasan 2, pasan 3 y no hago más que fulminar mis pensamientos con las palabras que recibí ésta mañana, ¡Claro que sí! Sabía que todo se iba esfumando, que las palabras de esa (Puta) soledad eran más reales que yo. Que la mujer a la que había dedicado mis pasos durante los últimos meses iba cayendo en el abismo de la muerte, muerte bogotana, muerte de mi amor. Cerré los ojos e intenté mantener en la palma de mi mano el mayor número de recuerdos bonitos. Sentí la calida sombra del recuerdo por mi mente, como subía desde la punta de los dedos y abrazaba con fervor las neuronas que me componen. Pasamos tanto tiempo dibujando la carrera séptima a nuestros pies que su olor se había impregnado en las materas que humanizan éste corredor vial, corredor del destino. Aquellos sábados de sol y bancas, charlas y jugos, gente y globos. Hombres de calle que partían la ciudad a sus espaldas, donde su frontera llega a la calle 72, prohibido el paso, usted no existe, jugaras a ser humano y perderás. Desechables han sido marcados ya. Lunes y viernes del parque de una supuesta independencia, las bajadas desde la macarena, lugar de subidas vertiginosas, ladrillos con forma desgastada y  su  plaza aburrida, ¡lindo lugar!. Su oreja en mi panza, sintiendo esos pterodactilos que consumían cada mal sentimiento, esos ojos cafés amargo, cafés penetrantes y funambulistas.
La ciudad se oxidaba a mi alrededor, todos sus selváticos edificios de papel, de muerte triste de soledad criminal amenazaban con caer encima de mis desgracias. Vivía una especie de pelea interna con la soledad donde Bogotá era un acuario gigante, el campo de juego donde las manos danzan y los pies se camuflan ante un sin numero de  zapatos de charol, corbatas y aparatejos de 4 ruedas con forma de ballena. Su vacío me llenaba, me llené tanto de su ausencia que mi ser quedó con ella.

La universidad emanaba una especie de dulce calma, todos aquellos universitarios que callan en paredes, blancas negruras de nuestras condolencias que como bogotanos nos tocó padecer.
-       No te opongas, sabes que vives en sus recuerdos, ya no eres tú, eres ella.
-       ¿Otra vez tú? ¡Déjame en paz¡ - le dije con un tono triste, pero más feliz que los demás, estaba sentada a mi lado, esta vez con forma de ángel de la muerte en un vestido verde oscuro, en los balcones que componen el ala sur, ala de mis sueños, ala de cristal
-       En esta ciudad, tu campo de juego, tu agonía. Sabes que estás hecho solo para mí, las calles te gritan eso, por más que me niegues con tus patéticas escrituras en las paredes, sillas y mentes, sabes que acabaras en una cama haciéndome el amor.

Opté por no ponerle atención, enredarme los audífonos en mis cabellos crespos y componer la maldita dulzura de una tortuga gigante y muy sabia que deleitaba mis sentidos, tortuga solitaria que Michael Ende supo componer en su más grande historia interminable, Vetusta Morla. Sabía que eso la alejaría un tiempo.

Me gustaba soñar con Freddy Mercury, Jhon Lennon y Kurt Cobain(Mis amigos, como siempre mofándose de esto). Me pedían a gritos que los sacara de mis sueños, que vivían placidamente en el asteroide B-612, un lugar como Bogotá, un lugar pintado de otro color, un lugar hecho con tizas de amor, un lugar donde la música viaja en el aire y delimita las fronteras de placer que solo me dan los viajes en los que me aventuro dentro de mí.


La candelaria, con sus teatros, arlequines soñadores y bellezas coloniales daba la antesala para las lluvias que se vendrían sobre la ciudad, una nube se tragaba la tan inmensa Bogotá y desde los lejanos rincones de la Luis Ángel Arango, el burdel de lucho, donde las más putas poesías se apoderaban de hombres y mujeres echados a la melancolía como yo. Arañas recorriendo mi hombro izquierdo y dibujando la biología de mí ser, de mi alma, mis 21 gramos.Los recuerdos no se hacen esperar y se deslizan sobre mí como si aún estuviera en el vientre de mi madre, cálidos y húmedos;  pensamientos deshilachan mis barbas y masacran el tiempo haciéndose perdurables por eternidades finitas en mi subconsciente inconsciente sin consciencia.Y aparezco allí, sentado, allí donde solíamos gritar.   

Decidí aceptar esa oscura profecía que se cierne sobre mis cabellos, aquella que gritan los suelos que ando, aquella que como cangrejos se introducen succionando mi cabeza, mi mente, mis pensamientos.

Me alejo dejando una estela de paz interior sobre el césped,arrancando las fantasmagóricas caras de los aturdidos transeúntes con sonrisas que a sus ojos no son más que la locura y desfachatez de los que no desean ser el perro del gato capitalista.

Sé que esa puta(Mi puta) volverá, volverá a tocar el piano, a joderme hasta el fin del mundo. Me pierdo en los dedos de alguien con olores penetrantes pues nos alzaron en brazos, descubrimos planetas, nos creímos tan fuertes como héroes de guerra.





SEBASTIÁN VÉLEZ APONTE.

   


miércoles, 2 de enero de 2013

Orden de desahucio en Mi menor

¿No has sentido que el mundo pone sus ojos en ti y sin embargo andas tan fuera y lejos de él?

La primera estación lunar del nuevo año demuestra la incertidumbre de los momentos. Ya no hay ballenas de metal,el sol asesina las calles y sus grises monumentos con sonrisas fingidas de soledades bogotanas. Las pinturas inflamables de una tortuga gigante de dos ruedas ahogan a los mutantes rojos y deciden el destino de su caparazón.

En su mente se alberga el instante en el que Murakami y Schopenhauer maldicen su andar por una ciudad de la furia,sí, esa que supo escupir al mundo Gustavo Cerati, donde convergen destellos de belleza antropomórficos. Allí calman sus melancolías con bigotes de guitarra, gatos contrabajistas y musarañas que secuestran a Cerati, el cual, junto a bukowski bailan de manera casi estruendosa el vals que ha inspirado a Darwin, quien a su vez, con un puro y el humo en forma de araña en la boca, dibuja complicadas manías biológicas en la cabeza de éste autor.
¡Love of Lesbian! grita apaciblemente Fredy Mercury y sus más grandes deseos son materializados en matera coloreada por tizas y grafitis que solo un artista vislumbrado en las calles sabe impregnar en la carrera séptima.
Los androides de cementeo y ladrillo moldean la sonrisa furibunda y funambulista de el clan de la luna, de estos sujetos un 32 de diciembre.
Todo se ha vuelto mierda y los rincones de la Atenas suramericana expiran y lloran besos desgastados de piano que la sinfónica estereoscópica: Soda Stereo, escupe en forma de antologías poéticas.

Mientras en las onduladas escaleras del cabello, suben sus manos, acarician mis ideas y forjan con los dedos los más temibles secretos enmarañados. María me besa y juguetea con los arboles de mi pecho para fundar el país fantástico que Michael Ende ha sabido crear. Es hora de expulsar a los protagonistas, el clan de la luna; es hora de quedar solo en mi mundo con María y voltear el cuerpo, de subir montañas y darle patadas a las sonrisas.

El toro de cuatro cuerdas al que Tommy the cat unta de sensaciones genera una orden de desahucio en Mi menor.

Que sea cierto el jamas.

Adéu.  


Sebastián Vélez A.