El sonido de unos golpecitos en la puerta me obligan a abandonar el letargo físico y mental que causa el mirar el techo sin percibir el fastidioso claquear del segundero. ¡Hector!, tanto tiempo sin verte, le digo mientras lo abrazo, noto su piel más pegada a sus huesos, su hajada mirada bajo esos lentes redondos y esa humanidad débil bajo su traje blanco.
-Estás muy flaco chico- Me dice el señor Lavoe al terminar nuestro abrazo- Noto tu piel má' pegada a tu' hueso' mi bro, tienes la mirada hajada bajo esos lentes redondos y se nota que tu humanidad está débil.
Entra y Lucas, mi perro, le lanza un ladrido e inmediatamente le mueve la cola y empienzan a jugar. Se sienta y le sirvo un Ron, prende su cigarrillo mientras en sus manos brillan plateadas formas de anillos. Se abalanza sobre un periódico, el de ayer, para ver a qué fecha ha llegado.
Hablamos un poco, con palabras forzadas, reímos, con igualmente risas forzadas, el aire se siente forzado, fuerte, duro, impenetrable. Siento el aroma a diferentes alcoholes y humos en sus palabras. Cierra los ojos y empieza a cantar; yo me hundo en su propio canto y se me olvida existir, se me olvida el mundo y su redonda forma.
La ventaja refleja una luna gigante que parece bailar la murga de Panamá, contenta, adornada, regordeta y elegante.
-Salgámo' chico- Me dice, bajando sus lentes.
Agarro mi abrigo y nos evaporamos en la neblina de mi ciudad. Caminamos cuadras enteras cantando sin cantar mientras la orquesta toca sin tocar. Los cerros nos protegen del mal, son nuestros santos que surcan la ciudad como testigos inertes de las aventuras de una metrópoli agobiada por el norte-suramericanismo.
Bogotá en su tranquilo e inmutable orden del caos. La vida nos regala momentos de locura intensa y halitos suficientes para repetirlas. La Fania All Stars, Stars, estrellas, estrelladas, aplastadas contra el pavimento negro que es el cielo en la noche.
Hector, me mira, sonríe, se chuta con su jeringa más preciada y me devuelve una sonrisa quebrada y gasificada, sonrisa de comedia, cae al abismo del caosmos.
-Quiero matar a alguien- le digo.
-Tranquilo bróder, cuando vuelvas a soñarme lo hacemo' juntos, respira mientras tanto la coca que es el aire de tu ciudá.
Despierto bañado en sudor, Lucas duerme a mi lado, en la radio suena "Una décima de segundo" de Antonio Vega. (https://www.youtube.com/watch?v=iwy309kLRyc)
Despierto,
la luz aclara el espacio-tiempo que me rodea y reconozco sus figuras, sus
cuadros, sus círculos, sus gentes. Ya he estado acá, mi cuerpo lo sabe y siento
ese vino caliente de sus besos, su lengua palpa lentamente mis dientes, entra
tímida y temerosa, reconociendo su espacio bucal. Su lengua me hunde en la más
preciosa agonía, me lanza al abismo insalvable de sus brazos, toca mi paladar y
lo saborea, yo la dejo, está en su hogar, que la ha esperado desde tiempos
remotos sin percatarse de ello pero apenas se tocan las lenguas mis células la
abrazan y la hacen suya, le dan la bienvenida sin saber que algún día se irá
¿Para volver? No lo sabemos.Mis
manos recorren su cintura y entran en su piel, sienten la tela de su lindo
vestido azul y a mano armada se roban sus caderas arrancándolas de su cuerpo
original, el de ella, para guardarlo en mi cajita de recuerdos. Y su lengua
sigue merodeándome los sesos, tomando mi oxígeno, quitándome la vida.
Madre, madre mía, no llores,
te necesito fuerte, te necesito viva, te necesito allí, en mis egoístas
momentos. Vuelvo a tu interior, todo lo que quiero está entre interiores. Estoy
adentro, tu placenta me llena de seguridad, me alimenta y me da vida, me
revuelco de nuevo en ti sintiendo tus manos y tu dulce voz ¡Calma bebé, ma está
aquí! Y en mi egocéntrica existencia te robo la tuya. ¡No te vayas! No me dejes a la deriva. Estoy
tirado en una sala de parto de un horrible hospital ¡Mamá!
De un tirón deshilachas mis labios y son tuyos, haz con ellos lo que
quieras, cómelos, digiérelos, los necesito solo para ti, para gritarte palabras
de amor, palabras sexuales en idiomas desconocidos. Termíname
el cuerpo (Sigue la banda sonora de mi vida) “Come de mí, come de mi carne”
¿Qué haces acá hombre? ¿No
ves lo tarde que se ha hecho ya? ¿No ves todo el daño que has hecho? ¿No ves
todo el daño que sigues haciendo? Lo sé, no lo quisiste así pero así pasó ¿Has
oído a mamá? ¿No escuchas su llanto? ¿Sabes que es por ti, verdad? Qué mal
padre has sido, qué mal padre eres, qué mal padre serás.
¿Te
acuerdas cuando hablábamos del tiempo? ¿Lo recuerdas? Mientras jugábamos al
cuerpo, a las sensaciones hablábamos de la inexistencia del tiempo con una
Bogotá de testigo, allí, quietecita mirándonos
mientras nos arrancábamos los miedos que ya volvieron. Hablábamos del
tiempo y sus diabólicas maneras de jugar conmigo, contigo, con todos. ¿Qué es
el tiempo sino esa cerveza que quema mi garganta y demás partes de mi ser? Y sigo entrando a hacer shows melodramáticos
con frases alcohólico-literarias.
Ma, ma ¿Dónde estás? No
desfallezcas, aún quedan sueños por cumplir, hay quedan mares por nadar, confía
en mí, ma, confía que yo no te dejaré en este infierno de gente. Caminaremos
sonriendo mientras la luna y su conejito nos guían por el camino de las
utopías, reiremos de tiempos pasados, reiremos recordando cada trozo vivido que
sacamos del corazón.
Sí, mami, sí. Esa sonrisa
tuya me encanta, sigamos caminando.
Sueño con tus pezones, con tus redonditos y blancos pezones, recuerdo cómo te los chupaba y cómo te retorcías del sentir, cómo sentías mi lengua revoloteando por todo tu cuerpo, en tu cama, como jugábamos al cuerpo y me acariciabas el pene, sediento de ti, yo succionaba tus dedos y me convertía en serpiente que reptaba por tu piel en busca de tus líquidos vitales. Sexo, rico sexo que deseo contigo.
¿Te das cuenta? ¿Te hago muchas preguntas? Pues
jódete, así como tú nos jodiste. Anda, hazte la victima y embadúrnate en tu
mierda. No, no juego a la moralidad, no lo pretendo. Te amé por un rato
¿Sabías? ¿Lo supiste? ¡Cómo lo vas a saber si nunca estuviste aquí¡ Pero yo me
pregunto ¿Qué puedo hacer? Llevo tu apellido, es como un estigma, como el
estigma de Caín, del que habla Herman Hesse; ese estigma. ¡No metas a la abuela
en esto! Ella fue una madre ejemplar, ¡Y mucho menos al abuelo! ¡No!, la culpa
no es de ellos, es tuya y eso te carcome, andas buscando culpables. ¿Así debe
ser todo? ¿Condenados a decepcionar a nuestros padres y ser malos hijos? ¡Vaya
apellido el nuestro! ¿Renegar de mi historia, de mi familia? ¡Nunca! Si eso es
lo que tú haces, no yo. Yo solo te niego a ti papá
El deseo se fragmenta en miles de pedazos e inunda mi ser como una piscina, allí está creciendo por ti a cada maldito segundo que pasa, queriendo romper las cadenas del reloj que separan nuestros cuerpos, nuestras carnes. "Quiero ser tu perro fiel, tu esclavo sin rechistar"
Me recojo y coloco en
posición fetal, me abrazas y me calmas, estoy llorando en una esquina, las
rodillas se me han raspado y tú me lames el alma muy suavemente, ma,
acaríciame, soy solo un niño agobiado, cuídame en tu vientre, cuídame con tu
calor y no dejes que me pase nada, no, no lo dejes. Arrópame en las noches de
frío y recítame cuentos en las noches tenebrosas , inventa historias de
superhéroes de provincias lejanas que se parezcan a mí, recoge con un pañuelo
toda la sangre que cae de mi nariz.
“Ooooh baby oooh baby oooh
baby, You'll always be baby to me”
Soy
caprichoso y debo envolverme en ti ¿No puedes? Claro, te comprendo, aquí estaré
esperando para que me sigas desordenando los huesos. Anda, ve y cálmate, aquí
estoy y mis pies echarán raíces por toda la ciudad mientras camino.
El rencor es el sentimiento más grande y es el que me llena con tu imagen, me hierve la sangre y empieza a despedir un olor pútrido que llena cada rincón de la habitación. Me canso de ser roca, las rocas son quietas, inpávidas y frías, empiezo a moverme y separarme de ti, te odio y lo sabes y no haces nada para cambiar eso, no quiero hacer nada para cambiar eso, te odio, te odio, te odio.
El tiempo pasa insoportablemente rápido sin ti, los días se han
convertido en manufacturaciones de tus recuerdos, se desangran velozmente
dejando sus viscosa sangre en el asfalto y camino pisando horas, minutos y
segundos, me entierro el minutero entre los pies, duele, puto dolor temporal. ¿Quién inventó que para quererte necesitaba ese artilugio temporal? Te quise porque te sentí, no importan las leyes físicas, para mí es real mi amor por ti, mi deseo desquiciado y mudo por tu culo, te quiero porque te siento.
¿Te
vas? ¿Por qué? Aún no terminas con mi cuerpo. Este bar en el que estoy huele a
ti, y a mí sudor, este bar huele a cerveza y a vino.
-¿A
qué vino señor?
-Por un vino para ella.
Soñé, soñé con un profundo olor a pino, soñé que se encontraba al fondo de un camino empedrado, al fondo de la avenida de la esperanza. Caminé, paseando suavemente recogiendo el suave olor con mucha calma, saboreandolo e inyectándomelo. Había un árbol, me recosté sobre él y hablamos, escogiendo cada palabra, cada sentimiento que decir, se paró el aguacero que nunca cayó, ahora eramos dos gotas flotantes, se rompió la cadena que ataba el reló' a las horas, pasa, pasa y pasa impávido, la neblina cubre la noche y suavemente me levanto, miro a la fina oscuridad que me rodea y soy yo dentro de mí, huele a bosque, huele a un hayuelo, huele a vida. Soñé que amaba todo en cuanto podría existir y no existir, amaba el ying y el yang de las cosas. Allí, allí estabas tú, con tu suavidad corporal, un vago sentimiento de calma me entumecía y me llenaba de paz.El camino de la mayoría es fácil, el nuestro es difícil, caminemos al rededor del bosque noruego mientras busco mis raíces.
En mis oídos "Dispárame- Pornomotora", suena con fuerza y hace eso mismo; disparar, fulminar, proyectar hacia el fondo, inducir, inocular, digerir y en trocitos asimilar miles de ideas, a la ciudad y su noche vagabunda que marca el final de la partida. Soy el láser verde por encima de la ciudad serpiente -Y sigue sonando Pornomotora como banda sonora- No me importa lo que cruce mi mente si tengo un buen abrigo.
1280 almas surcan el cielo reventándolo y rasgándolo mientras una infinidad de mundos se transportan embutidos como el "capital humano" en el que nos convirtieron, salchichas grasientas humanas fuera de su empaque se derriten con la incandescencia que produce los sueños y promesas rotas,apuñaladas.
La cabeza de cada salchicha humana derrama pensamientos y se pierden entre su propia mierda. Yo, allí sentado soy absorbido por el reflejo y el contrareflejo; dos universos paralelos y distintos, llenos de prejuicios y alienación. Rompo la lente que escupe mi sombra en la pared.
Sigue sonando pornomotora, sigue siendo la banda sonora de este loco cinema que entra al vacio que es Bogotá. Llueve en Bogotá, la corriente enseña el camino hacia el mar; dejarse llevar suena demasiado bien y veo pasar la ciudad, la veo en todo su esplendor lumínico, sonoro, alcohólico-literario, demacrado y pusilánime ¡Calla, por favor! Quiero escapar, quiero salir ¿Qué es este mundo?¿Qué hago aquí? Y sigo robando y arrancando pedacitos de canciones; y ellas se desangran en mis oídos.
El tiempo se rompe en mis tenis y aparezco derrotado en el bar de siempre, hundido en la pared, y me hundo y me hundo, escucho murmullos de todos aquellos que se divierten y me embriago de sudor, me embriago de cerveza y mujeres bonitas. Y me sigo hundiendo como si el mismo tiempo que me trajo aquí me arrancara a pedazos la piel para fundirme con el frío concreto desgastado del bar. Me paro, pago y el viento me lleva.
Huyo del pasado y sin saberlo me sumerjo en él. Nace en mi memoria ese hombre, aquel bastardo que me dio a luz, mi lengua está poseída por un súcubo y busco en la basura unos labios que me acompañen cada noche. Busco a ese hombre que amo pero ese sentimiento se transforma como una niebla maligna en un sutil odio. Las decisiones malas tejieron esta red que nos unió, esta tela de araña gigante que flota sobre nosotros.
Busco, busco y me pierdo, laberinto de cemento y telecomunicaciones impiden mi progreso; retrocedo y una ley de la gravedad me entumece, busco aire encuentro polvo.Me asusto, el ritmo acelera, la sangre escapa a borbotones y rompe el sistema circulatorio, que circula, circula y hace esferas de mi cuerpo. La mano me tiembla y empiezo a escribir rápido y tenebrosamente; la tinta se endurece y se riega por las paredes. Lo quiero encontrar y todo tipo de situaciones fisiológicas me atacan ¡PUMPUM!¡PUMPUM!
Maldito hombre que eres, maldito hombre que fuiste y me has dejado solo a la deriva, no te amo, esto se escapa al entendimiento.
Escapo, escapé, me perdí...
Al fondo dilucido su figura y miro con miedo, su tez fuerte y ajada, su gordura, su anchura y su cara se aclaran. Lo veo; es mi padre.
Dispárame papá, dispárame, tu ausencia me aqueja y me aplasta como una roca.
Y así, desperté.
"Soñé que me atracaban, soñé con dos tipos que me atacaban a puñal y en un acto heróico-imbécil me defendía, agarraba a uno contra el suelo mientras su cuchillo volaba por los aires caía en el suelo, el otro corría hacia mí y lo paraba con un puño en la sien; Corrí a recoger el cuchillo y con gran fuerza apuñalé al primero que yacía en el suelo con ganas de contraatacar. Su sangre era roja como una estrella a punto de morir, revolví sus sesos con su mirada atónita en mis manos desangrando su interior. Poco a poco se iba desplomando hasta rozar los abismos de la muerte, cogí su cabeza y lentamente lo deje en el suelo cerrándole los ojos para que no viera el resto del espectáculo. En ese instante el segundo hombre se recuperaba y yo de improvisto rompía su cráneo contra la acera, pateaba su cuerpo agonizante con tal fuerza que sus costillas débiles eran sometidas por mis suaves converse, sus aullidos eran ensordecedores pero mi odio gritaba aún más; comprendí que seguía vivo y lo asfixiaba con las cadenas de su bicicleta, nunca se imaginó que ese botín que robó de un estudiante universitario una noche antes sería el sello de entrada a algún lugar inventando por alguna religión para su muerte. Respiraba con dificultad hasta que su traquea dejo de resoplar, el silencio inundó la noche, la calle, la muerte. Mi respiración asfixiaba el lugar y los ojos dilatados de la excitación miraban el reguero humano en rededor. Desperté sangrando en el abdomen, grité y grité, solo tú me calmaste, llegaste y me agarraste las manos, me diste un suave beso en los labios y caí rendido en tu regazo. "Tranquilo flaco" susurraste y mis miedos desaparecieron. Volví a despertar."
" Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo"
Y otra vez, una vez más , Sí; ella tan oscura como de costumbre, prefiere no perder su estilo. Arrancando y engullendo frenéticamente los pequeños retazos de azul que aún revolotean negándose a oscurecer cada rincón, cada roto, cada vació, cada pecho, cada pútrida alma cada todo...
Sí, ella tan oscura y egoísta, sola y meláncolica, ella abrazando a su luna, ella tan oscura como siempre. Sí, ella, la noche. "La noche solo es el final para los animales dormidos del bosque"
Cada ojo que busca escapar de la mierda de Bogotá, cada ojo que revolotea cual mariposa por el rostro que lo aprisiona. ¡Pero no! Bogotá es fría e intensa, no permite anarquías en su anarquismo burdo y chambón. Cada transmilenio que rompe cada calle y en su estómago devora hasta las fibras cada humano, ciudadano ajeno a su realidad.
Y aquí yo ¿Ajeno? ¡No! Entumecido , engullido por la noche, parado en el cristal del reloj, creando conceptos nunca antes visto de tiempo-espacio, parado en el minutero que es la 19, apunta de estallar mientras el segundero se acerca retumbando como el corazón delator que es. El tiempo no existe, no hay nada, no hay. Surrealismo puro y maldito.
Deambulo por las calles donde los próceres de la patria daban sus vidas por la libertad, pero no saben que la muerte los hizo libres al fin. Como alguna vez dijo don Gustavo Adrián Cerati, creando mundos en su cama muy lejos, soplando Buenos Aires, "Todo es mentira (Sh)a verás, la poesía es la única verdad" Tu única certeza es la muerte, la muerte te hará libre al fin.
Cada callejuela bañada en sangre, ¡Gritos de libertad sangre combativa! con un rojo más oscuro que el negro(Por fin encontramos ese color más oscuro que el negro) Sangre de nuestros próceres ¿próceres? ¡No! Los verdaderos dolientes fueron nuestros campesinos, indígenas, nuestras madres de Soacha así como las madres de la plaza de mayo que "Se negaron a olvidar en los tiempos de amnesia obligatoria" ¡Nosotros!
"Hemos venido a cambiar vuestros sueños por la fe, vuestro oro por tener un dios y un rey a quien seguir. Guerra, muerte, destrucción. Nuestro himno ¡Qué valor!"
Cada piedrecilla azotada por tanto tacón, tanta mujer triste de los viernes por la noche, cada zapato de charol de cada infame sujeto fálico con delirio de grandeza, cada proxeneta, cada pobre puta, cada niño arropado con cemento, cada "indigente" o habitante de la calle; todo depende de tu nivel de dignidad para nombrarlo. Cada cerveza a medio tomar, a la mitad y cada humo de cigarrillo que es violado por el aire, el frío. Cada aliento que se impregna en cada beso, en cada labio roto y maldecido o bendecido, cualquiera sea el caso.Cada corazón que late fuerte, Cada brasier que se ensucia en la cama de algún cerdo, cada poeta muerto e inexistente. Cada pared rayada y cada grafo derramado.Cada universitario drogado, LSD, Anfetaminas, mierda en tus venas, mierda en vida, mierda eres tú. Cada borracho desalmado y desarmado, roto y agobiado. Cada letra de cada libro, cada cerebro vacio, cada estudiante emputado y airado, decidido a cambiar su mundo, su realidad y no querer ser un norte-suramericano, cada clamor de pueblo, cada idea escupida en forma de grafema , de símbolo, cada mente deshauciada.
Cada, cada, cada....
Recuerdos en desorden y libros con pasta dura nos recuerdan que Bogotá ya no nos quiere.
"Me imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, sólo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno cuando uno no hace nada con el tiempo"
El sábado se asomó de mano del letargo físico-mental que causa el pasar la noche/madrugada charlando con los dioses del guarapo; y por subestimar sus raíces y no tomar en serio toda la historia que tiene en sus sagrados y etílicos sabores recibo mi castigo y el sol boyacense acaricia mi rostro en los absurdos parajes del "guayabo" Cielo Cundiboyacense, y los ancestros muiscas; Zipaquirá, Ubaté, Chiquinquirá y Villa de Leyva, cuidando las rutas de los hijos de Bogotá que rompiendo la carretera intentaban desnudarse de las monotonías para embriagarse con todo el poder del samba, y el retumbar de las percusiones, que retumban en cada de sus células.
Callecitas empedradas, injustas y asesinas de pies para algunos o belleza colonial para otros. Las carpas se elevaron, hogares provisionales que albergarían la efusividad que se produjo en aquel pueblo custodiado de enormes gigantes verdes y montañosos. Qué importaba la dualidad y bipolaridad del clima, qué importaba ser yo el intruso en ese juego de tambores y bailes. La lluvia se cernía sobre la ciudad y su plaza, un aguacero que quería detener toda expresión cultural junto con aquellos "dueños" del pueblo y sus peones, los agentes de traje verde brillante vomitivo;agentes de policía, a-gentes, Sin gente, no son gente. En un pequeño recinto fue el principio para la fiesta, los hijos de Bogotá salían a destruir estereotipos y reglas de prohibición, salían a convertir el pueblo en una villa musical y eufórica, convertir los ánimas exacerbados en muelles verdeamarelos donde la tormenta del samba atracara. Aquellos ritmos y sonidos retumbantes hacían caer en la cuenta que esta es la única salida,la única puerta abierta en un salón de muchas puertas cerradas, la escapatoria de la realidad, aquella realidad injusta y arbitraría. Las gotas de agua bailando en cada parche de cada Zurdo hacían pensar que la música no se creó ni en Brasil, ni en Colombia, se creó en el mundo y no era más que el aliciente suficiente para saber que nunca callarán el retumbar de los pies y los tambores, las expresiones de cada uno de estos seres que junto con sus baquetas, manos y cuerpos gritaban al mundo todas las dolencias que como humanos tocó padecer. Cada centimetro de la dermis se confundía con el palpitar del corazón que, unido por un corto hilo, rebotaba en cada instrumento y así mismo, como una tela de araña, se unía con cada habitante, cada espectador que extasiado por el buen arte dejaba que sus mejillas y sus medias se dejaran guiar por la caída de las gotas que caían desde un cielo donde un dios absorto y desocupado moría de la colera ante tanta magnificencia.Dios a fin de cuentas, ese aburrido privilegio que le tocó; la perfección, que le impedía disfrutar de esta imprefección humana. La perpetuidad del momento se notaba a cada paso, solo palabras de agradecimiento y felicidad, intentando describir sentires infinitos con palabras finitas. Otra vez los dioses del guarapo se adueñaban de las gargantas, cebada y licor fuerte, de anís, lideraban la noche. Las velitas del tan característico siete de diciembre alumbraban en su honor, el samba se escuchó en el aire con cada estallido de polvora desde la plaza. Lo que siguió fueron momentos de excitación post-toque, alegrías, brindis y sueños cumplidos. Al final, no importó cuantas botellas y cajas vacías adornaban el recinto, cuantos guayabos se afrontaron, solo importaba la mañana que llegaba con un sol que buscaba cada carpa donde se refugiaba del absurdo frío cada criaturilla hija de Bogotá, el sol agradecido con ellos por devolverle su reinado sobre una tierra que suda día a día su supervivencia en un absurdo mundo salvaje donde los últimos gritos de la moda no dejan de ensordecer las tradiciones de la papa y el guaro, la ruana y el amor a la tierra. "Vientos de libertad sangre combativa" Otra vez en carretera, aquel aparatejo de cuatro ruedas regresando a la realidad, masticando cada pedazo de asfalto a su paso y dejando sueños aún por cumplir, pues un sueño cumplido es un deseo ya muerto, sin sentido, sin vida. Los Filhos de Bacatá volvían a casa, a su madre. Gracias a cada uno por recibirme y dejarme mirar desde el exterior esa gran familia, por bendecirme con los poderes metafísicos del guarapo y demás bebidas alcohólicas. Gracias por recibirme en "Batacálandia" AH! COMO É QUE É! FILHOS DE BACATÁ!
Ahora cambio litros de alcohol por litros de tinta.
El techo resquebrajado vertía su sutil veneno en mi rostro, envolvía los cabellos y bajaba bordeando las gafas ya absorbidas por el tiempo, testificando silenciosamente las vivencias ya derramadas en la memoria sin decir nada, furtivas de un tiempo que se quebraba bajo los lentes; tocaban la piel mientras la despojaban de su agua vital deshidratándola de vida y por último tocando cada vello de mi barba y bigote, pululando como insectos secos en la hojarasca muerta para bajar lenta, viscosa y sigilosamente por mi garganta, un trago seco y sonámbulo, sin dueño.
La cama daba vueltas girando en torno a mi dorso desnudo, la irrealidad se hacía presente y todo parecía indicar que era producto del letargo físico-mental que produce el despertar luego de una noche estrellada contra mi almohada.
Leo en mis crisis alcohólico-literarias, un relato corto que he bebido de una lata gris de cerveza y eso me tensa, me sustrae, me deja flotando y me expulsa al mundo de manera seca; escupe las verdades sobre mis neuronas y me abandona en el abismo. La vista se me nubla como el humo asqueroso de los buses que recorren, dejando lágrimas, el asfalto capitalino.
Todo es confuso, la habitación se desmorona y me encuentro desnudo frente al frío blanco del vacío, el blanco que llena la oscuridad. Busco un color más oscuro que el negro, más oscuro, más oscuro…
El aire recorre mis más secretas filias y los más incoherentes deseos sexuales sobre pantalones de rosas pegados a las piernas. Mi alma se separa del cuerpo que la encierra y en 0.2 segundos estamos a miles de kilómetros alejados . Me veo al fondo pero no soy yo, ¡No!, no lo soy, es mi carne pero no soy yo, mi sombra, a mi lado, me repite palabras sin sentido que el aire corta. La hilaridad de esta irrealidad me asusta, me agobia, me somete a un sueño profundo. ¡Pum! Me quemé.
Mientras abro los ojos las pequeñas partículas que cubren el espacio que me separa del techo roto caen para hacerme saber que mi sombra se volvió contra mí. Sentada en un sillón al lado de la cama me mira mientras fuma y sigue repitiendo las mismas palabras aparentemente incoherentes. En el espejo veo mi rostro mientras me ataca, persigo mi reflejo y rompo sus cristales en un despiadado país de las maravillas.
Bogotá se levanta ante las hordas furibundas que, a paso militar, descienden por la estación de la calle 100 para ser engullidos por esa gigante cámara de gas roja que amarra y vomita los sueños de todos, ahorca sus cuellos con una bella corbata de quinientos mil pesos, enmudece sus hombros con un bolso de trescientos mil pesos que le marca la espalda. Se rompió el reloj que ataba el reloj a las horas, cada número, cada minuto cae rompiendo el cráneo, la puta incoherencia; pues qué es el tiempo si no una cadena de mierda que nos ata al mundo material, que nos arruga el alma y los sesos. El caosmos que rompe el aire desde el cielo desmantela mis paredes, las decolora e irrumpe en mi sueño lúcido, ¿lucidez? ¿luz? ... Estrellas, caos, todo se derrumba a mi alrededor como antes, el universo es de papel y cada trazo destroza el blanco, cada trazo degolla la tranquilidad, guerras de ambigüedades y dicotomías. El cielo se abre devorando la ciudad ferozmente, la mirada me desvía al agente de la destrucción, a-gente,sin-gente , policía, autoridad, mierda, intrusión. Todo se acaba, el tiempo ya derretido pasa insoportablemente lento y soy el último, nada más queda.
Despierto en mi habitación, poco antes de las 6 sonó el despertador, y nada era verdad, yo era mentira. Amanecí borracho de tus nalgas mientras el caosmos vuelve a su inestable quietud, nada es igual ahora y desde mi cama observo como gira el mundo, gira el hambre y un revolver en la mesa.
"Un hombre auto-destructivo se siente completamente enajenado, totalmente solo. Él es una persona ajena a la comunidad humana. Piensa de sí mismo: "Debo estar loco". Lo que no sabe es que la sociedad tiene, al igual que él, un interés establecido en pérdidas y catástrofes considerables" Walking life- Self destructive man.
8:15 Pm ¿Quién escucha ahora mismo Rock transgresivo?
Rock urbano, de la urbe sin sentimiento. Guitarras rotas de
poetas rotos bajo la noche pintada de cafeína y los cielos que amenazan con destruir
la ciudad. Analgésicos del cuerpo que escuchan el alma de hombres y mujeres
hijos de las montañas, de la cordillera que cruje por el centro de este país indolente.
El cigarro se esfuma corrompiendo mis manos entumecidas ¿Qué
hago aquí? Calle 72 con pequeñas mariposas y bellas libélulas que sirven como
caballos del diablo llevando en su lomo a don Cortázar extendiendo su mano en
la lanuda mochila que mis hombros soportan. Siguiendo pasos invisibles de los
impulsos que gritan y sofocan mis entrañas.
Asesinando silencios sordos en mis oidos, curando palabras que
sangran.
No pretendo entendimiento, fluye, letra endemoniada que
carcome los huesos, fluye todo lo que quieras, envenena la hoja donde escribo y
vomito recuerdos.
Voces electrifican el aire mientras se desnudan a mi
alrededor revolcando y reorganizando mi espacio-temporal, mi habitación
favorita; espacio vacío, y generando duendes detrás de mi cabeza, escondidos en
el cabello.La luna se fragmenta en pequeños trozos que caen, caen, caen y se hunden temerosos en mi taza para luego ser ingeridos y hacer que mis ropas se fundan con la atmósfera.
Soy el ladrón de figuras humanas, robo rostros, nalgas,
curvas de derrier, pantalones y sonrisas y los introduzco a la fuerza en lo más
recóndito de mis mochilas. Colores se revuelcan pidiendo salir con esa voz
aguardientosa que se confunde con el afán (Mucho, mucho ruido) de las busetas,
animales amarillos y demás bichos eufemistas que comen y alimentan las calles y
urbes, Rock urbano.
Todo se diluye en mis dedos que son como diez cangrejitos en
las playas de la tinta naranja.
El café nubla la memoria, los instantes precisos de la vida
en cuatro movimientos, una dulce introducción al caos y una coda flamenca. En
el segundo mismo donde la noche de desmorona como telón de teatro todo acaba y
los ladrillos que conforman la infinita ruta que elijo coger me cantan al oído
succionando todo retazo de miedo. "Buscando mi destino, viviendo en diferido, sin
ser, ni oír, ni dar"
Me voy acompañado de unas sensuales piernas de tela que me
clavan sus tacones azules en las pupilas mientras se alejan contoneando sutilmente
y muy sensualmente los pantalones que asfixian los poros y dan besos
agrietados. Se dividen caóticamente en una mitosis multicultural que inundan el
asfalto y van dejando una estela que con dificultad se ve, solo yo la percibo y
sus olores me invitan a seguirlas a un vergel lleno de flores de papel.
¡Mierda¡ Se me enfría el café.
8.36 Pm.
"Sueño que empieza otra canción,vivo en el eco de su voz entretenido. Sigo la estela de su olor que me susurra
¡vámonos!
¡VENTE CONMIGO!"
La noche empezaba tarde, más tarde de lo normal, algunos decían que era porque la luna se arreglaba para una velada de funk rock en el centro de Bogotá, otros, más teóricos comentaban que se debía a que era el inicio del solsticio de verano. Me inclino más por la primera.
Subiendo a uno de esos aparatejos verdes alimentadores que alimentan la feroz boca de esos bus(c)efalópodos rojos recuerdo la hora y el lugar, pienso, divago, sonrío, me dejo llevar por los acordes que mi reproductor escupe sobre los oídos.
Calle 26, esta vez no es la misma ruta de siempre, esta vez es hacia esos rincones nocturnos que demuestran lo que es la ciudad, lo que hace, lo que sueña y lo que grita. Bajo de la estación y mi memoria evoca UN LUGAR hecho con citas de amor. Con un alto numero de aturdimientos causados por tacones, faldas, besos, robos,latidos ¡Pum Pum!¡Pum Pum! que me atañían desde la mañana intenté darme encuentro con una de esas amistades que demuestran que no solo puedo contar con mi ombligo,hace un buen tiempo no compartíamos juntos y al caer en cuenta que la última vez que habíamos derrotado a las penas juntos fue disfrutando lo mismo que nos unía esta noche; La fusión del Rap,Jazz y blues,¡Esto era todo un blues para el tórax!
Cervezas,cigarros, anécdotas de almas encontradas por una misma causa, almas pretendiendo sanarse con la buena música, la revolución musical y social. Se sabe que la verdadera revolución nace en las crisis, crisis de humanidad. La revolución sin baile no es revolución y para ser bailable se debe sentir música, la perfecta cuadratura del circulo "¡Baila cabrón, baila, baila o muere"1
Lucía Poesía caminaba por cada rincón del lugar de la mano de la luna que, como se había dicho, estaba preparándose para engalanar la noche. Un suave vestido de color pálido le cubría las piernas, bajaba por estas como el telón del teatro de los sueños, su lado oscuro era el baúl de los recuerdos por donde se llega AL OTRO LADO DEL OLVIDO, una balada jazz de Coltraine que deforma el espacio-tiempo de los asistentes,figura como el humo del cigarrillo que no se fumó y el aire que rompe el aire, intenta no respirar.
La mística sonora sigue mientras la araña recorre mis piernas subiendo y subiendo acariciando los deseos que se forjan desde la mente, forma redes de ilusiones sobre mi cabello y como un tatuaje se plasma en mi hombro para permanecer allí, intacta y predispuesta a todo desasosiego en calma. El brindis de la noche se dio por medio de las copas de la vida, alzo el vaso más vacío que yo y lo lleno de deseos vívidos, remordimientos y el olvidar de poner los pies en el suelo para sentirme mejor. Se brindó por el jazz y el blues, por la primer fotografía que fue tomada sin tabús, por la música de esos críos del rap de antes, por pintores y cinéfilos cantantes. Con los dedos se enumeraban sobre el cielo los Ramones, los Beatles y los Rolling Stones. Billie Holiday y Nina simone. Por el estilo y la manera de volar de Ray Charles. Brindamos por Janis Joplin,Jimmi Hendrix, Charles Chaplin. Va por Parker y por Marly. La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, por el búfalo de la noche y la belleza de Amelie. Kusturica y Scorsese, por Frida Kahlo y todo el dolor que en su obra aparece. Por el tango y por Fiodor Dostoievski. Un trago largo y doble en honor de Charles Bukowski y a la puta que se robo sus poemas. Por las Calles de Banksy por Warhol y su Art pop. Y claro, por el amor, el amor al Hip Hop.
Voces femeninas inundan el salón.
Con la desazón de no haberme expresado bien, con el micrófono en una mano y el corazón en la otra, de haber dejado una mala impresión al hablar de la importancia que tenía este grupo para la percepción del Rap en Bogotá. Un rap pisoteado y mal visto, pordebajeado y algunas veces sin sentido, un rap preso de los esteriotipos, muy malos por cierto. Pero que sabiamente don Pet Fella supo calificar de experiencias únicas, el rap es eso, una experiencia personal que no puede ser clasificada, es vivencia y percepción. Siguieron algunas conversaciones con los habitantes de esa ciudad con paredes de bar.Del club de la resistencia.
Y al haber conocido esta noche "The dark side of the moon", el lado oscuro de la luna bogotana llegaba la hora de conocerla en Do,Re,Mi, Fa, Sol, La. Llegaba la hora de conocer el lado oscuro del corazón pues "Con la fuerza de gravedad que hay en esta ciudad y (sh)o sin un amor ¿Dónde iremos a parar?" Cada uno se internaba en lo más profundo de su habitación roja, como la sangre, descubriendo sus más oscuros brillos, descubriéndose a si mismos. -¿A qué me dijiste que te dedicabas? Era algo absurdo- -Soy astronauta, escribo- Y así fue como nos volvimos los tripulantes de esa nave, impulsada por la firmeza y fuerza de las 6 cuerdas de un bajo, vomitando sonidos de amores perdidos, disfrutando su última noche con los "Pequeños muchachos".Saxófonos bailables inundando el río del alma, guitarras y teclados al unísono y golpes de tambor que retumban el cuerpo.
Las teorías del caos se juntaban para darnos malos besos, besos perdidos, besos no dados, besos desperdiciados.
Mientras las noche se embriagaba al son bogotano bajábamos, dibujando la carrera séptima detrás de nosotros.Los espíritus que adornan la ciudad deambulaban sin rumbo alguno, buscando su propia supervivencia en la verde (?) Bogotá, verde que te quiero verde(sería mejor gris que te quiero gris como dijo Chaparro Madiedo, grisaceamente perfecta) Palabras que rondaban el aire melancólico, otra vez volvíamos a la realidad, a pensar en los líos de faldas, tacones, besos, amores,colchones,perfumes, tristezas y nostalgias. Un abrazo para finalizar la acolorada y cargada noche, aún la luna bailaba, aún volaba para Marte.
Un taxi nos lleva hacia un lugar para ser feliz así no me acompañe nadie salvo la música que viaja en el aire.
"Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo. Hubo un tiempo en que, no logrando concebir una eternidad que pudiera separarme de Mozart, no temía a la muerte. Lo mismo me sucedió con cada músico, con toda la música... Sólo la música puede crear un complicidad indestructible entre dos seres. Una pasión es perecedera, se degrada como todo aquello que participa de la vida; mientras que la música pertenece a un orden superior a la vida y, por supuesto, a la muerte"
Émile Michel Cioran
Sebastián Vélez Aponte
_________________________________________________ 1. Efraim Medina Reyes "Lo que todavía no sabes del pez hielo"
Allí
comprendí que tanto su alma como la mía dejarían de complementarse la una con
la otra. Me dio un beso frío, labios rotos y abandonados a la niebla del día, se
alejaba entre la multitud grasienta de Transmilenio y se formó en mi pecho un
fuerte vacío, un vacío con forma. Subir las empinadas y ocres escaleras que conducen al barrio La Macarena con el peso que produce el
vacío no es para nada agradable.
"Algo me oprime el pecho, es ella lo sé."
La
luz se desangraba suavemente por los toscos espacios que dan las cortinas, el
calor del día se filtraba por mi cara y marcaba el inicio del día. Los sonidos
de un sórdido piano esfumaron el letargo físico que produce la mañana. Levanté
la cabeza con suavidad para darme cuenta que una sexy y desnuda mujer con forma
de soledad, sentada al frente del piano (¿Piano? ¿En mi habitación?)
Interpretaba las notas que me aturdían esa mañana, no tardé en descubrir que
era mi más oscuro demonio.
-¿Qué
haces aquí? ¿Por qué otra vez, soledad?
-Ya
lo sabes, estamos condenados tú y yo.
-Pero…
Pero….
-No
te hagas, sabes que ella se aburre de ti, sabes que por más que me niegues
somos uno. Sabes que no eres eterno en el alma de ella.
Bogotá,
ciudad gris, ciudad de pecados, ciudad de smog y ballenas gigantes retumbando
sobre el asfalto la inevitable sonrisa
hipócrita de sus habitantes.
La
ruta de siempre, Fontibón-Germania, expedía un humo triste y melancólico que
cubría la calle 26. Una ciudad grisáceamente perfecta, monótona pero poética
donde se desarrollaban las más inútiles formas de existencia, donde los hijos
del suburbio deambulaban pintando los pisos y paredes de una ciudad en el
cielo, que pedía a gritos liberarse.
Como
siempre midiendo mi tiempo con canciones, pasa 1, pasan 2, pasan 3 y no hago
más que fulminar mis pensamientos con las palabras que recibí ésta mañana,
¡Claro que sí! Sabía que todo se iba esfumando, que las palabras de esa (Puta)
soledad eran más reales que yo. Que la mujer a la que había dedicado mis pasos
durante los últimos meses iba cayendo en el abismo de la muerte, muerte
bogotana, muerte de mi amor. Cerré los ojos e intenté mantener en la palma de
mi mano el mayor número de recuerdos bonitos. Sentí la calida sombra del
recuerdo por mi mente, como subía desde la punta de los dedos y abrazaba con
fervor las neuronas que me componen. Pasamos tanto tiempo dibujando la carrera
séptima a nuestros pies que su olor se había impregnado en las materas que
humanizan éste corredor vial, corredor del destino. Aquellos sábados de sol y
bancas, charlas y jugos, gente y globos. Hombres de calle que partían la ciudad
a sus espaldas, donde su frontera llega a la calle 72, prohibido el paso, usted
no existe, jugaras a ser humano y perderás. Desechables han sido marcados ya.
Lunes y viernes del parque de una supuesta independencia, las bajadas desde la
macarena, lugar de subidas vertiginosas, ladrillos con forma desgastada y su
plaza aburrida, ¡lindo lugar!. Su oreja en mi panza, sintiendo esos
pterodactilos que consumían cada mal sentimiento, esos ojos cafés amargo, cafés
penetrantes y funambulistas.
La
ciudad se oxidaba a mi alrededor, todos sus selváticos edificios de papel, de
muerte triste de soledad criminal amenazaban con caer encima de mis desgracias.
Vivía una especie de pelea interna con la soledad donde Bogotá era un acuario
gigante, el campo de juego donde las manos danzan y los pies se camuflan ante
un sin numero de zapatos de charol,
corbatas y aparatejos de 4 ruedas con forma de ballena. Su vacío me llenaba, me
llené tanto de su ausencia que mi ser quedó con ella.
La
universidad emanaba una especie de dulce calma, todos aquellos universitarios
que callan en paredes, blancas negruras de nuestras condolencias que como
bogotanos nos tocó padecer.
-No te opongas, sabes que vives
en sus recuerdos, ya no eres tú, eres ella.
-¿Otra vez tú? ¡Déjame en paz¡
- le dije con un tono triste, pero más feliz que los demás, estaba sentada a mi
lado, esta vez con forma de ángel de la muerte en un vestido verde oscuro, en
los balcones que componen el ala sur, ala de mis sueños, ala de cristal
-En esta ciudad, tu campo de
juego, tu agonía. Sabes que estás hecho solo para mí, las calles te gritan eso,
por más que me niegues con tus patéticas escrituras en las paredes, sillas y
mentes, sabes que acabaras en una cama haciéndome el amor.
Opté
por no ponerle atención, enredarme los audífonos en mis cabellos crespos y
componer la maldita dulzura de una tortuga gigante y muy sabia que deleitaba
mis sentidos, tortuga solitaria que Michael Ende supo componer en su más grande
historia interminable, Vetusta Morla. Sabía que eso la alejaría un tiempo.
Me
gustaba soñar con Freddy Mercury, Jhon Lennon y Kurt Cobain(Mis amigos, como siempre mofándose de esto). Me pedían a gritos
que los sacara de mis sueños, que vivían placidamente en el asteroide B-612, un
lugar como Bogotá, un lugar pintado de otro color, un lugar hecho con tizas de
amor, un lugar donde la música viaja en el aire y delimita las fronteras de
placer que solo me dan los viajes en los que me aventuro dentro de mí.
La
candelaria, con sus teatros, arlequines soñadores y bellezas coloniales daba la
antesala para las lluvias que se vendrían sobre la ciudad, una nube se tragaba la
tan inmensa Bogotá y desde los lejanos rincones de la Luis Ángel Arango, el burdel
de lucho, donde las más putas poesías se apoderaban de hombres y mujeres
echados a la melancolía como yo. Arañas recorriendo mi hombro izquierdo y
dibujando la biología de mí ser, de mi alma, mis 21 gramos.Los recuerdos no se hacen esperar y se deslizan sobre mí como si aún estuviera en el vientre de mi madre, cálidos y húmedos; pensamientos deshilachan mis barbas y masacran el tiempo haciéndose perdurables por eternidades finitas en mi subconsciente inconsciente sin consciencia.Y aparezco allí, sentado, allí donde solíamos gritar.
Decidí aceptar esa oscura profecía que se cierne sobre mis cabellos, aquella que gritan los suelos que ando, aquella que como cangrejos se introducen succionando mi cabeza, mi mente, mis pensamientos.
Me alejo dejando una estela de paz interior sobre el césped,arrancando las fantasmagóricas caras de los aturdidos transeúntes con sonrisas que a sus ojos no son más que la locura y desfachatez de los que no desean ser el perro del gato capitalista.
Sé que esa puta(Mi puta) volverá, volverá a tocar el piano, a joderme hasta el fin del mundo. Me pierdo en los dedos de alguien con olores penetrantes pues nos alzaron en brazos, descubrimos planetas, nos creímos tan fuertes como héroes de guerra.
¿No has sentido que el mundo pone sus ojos en ti y sin embargo andas tan fuera y lejos de él?
La primera estación lunar del nuevo año demuestra la incertidumbre de los momentos. Ya no hay ballenas de metal,el sol asesina las calles y sus grises monumentos con sonrisas fingidas de soledades bogotanas. Las pinturas inflamables de una tortuga gigante de dos ruedas ahogan a los mutantes rojos y deciden el destino de su caparazón.
En su mente se alberga el instante en el que Murakami y Schopenhauer maldicen su andar por una ciudad de la furia,sí, esa que supo escupir al mundo Gustavo Cerati, donde convergen destellos de belleza antropomórficos. Allí calman sus melancolías con bigotes de guitarra, gatos contrabajistas y musarañas que secuestran a Cerati, el cual, junto a bukowski bailan de manera casi estruendosa el vals que ha inspirado a Darwin, quien a su vez, con un puro y el humo en forma de araña en la boca, dibuja complicadas manías biológicas en la cabeza de éste autor.
¡Love of Lesbian! grita apaciblemente Fredy Mercury y sus más grandes deseos son materializados en matera coloreada por tizas y grafitis que solo un artista vislumbrado en las calles sabe impregnar en la carrera séptima.
Los androides de cementeo y ladrillo moldean la sonrisa furibunda y funambulista de el clan de la luna, de estos sujetos un 32 de diciembre.
Todo se ha vuelto mierda y los rincones de la Atenas suramericana expiran y lloran besos desgastados de piano que la sinfónica estereoscópica: Soda Stereo, escupe en forma de antologías poéticas.
Mientras en las onduladas escaleras del cabello, suben sus manos, acarician mis ideas y forjan con los dedos los más temibles secretos enmarañados. María me besa y juguetea con los arboles de mi pecho para fundar el país fantástico que Michael Ende ha sabido crear. Es hora de expulsar a los protagonistas, el clan de la luna; es hora de quedar solo en mi mundo con María y voltear el cuerpo, de subir montañas y darle patadas a las sonrisas.
El toro de cuatro cuerdas al que Tommy the cat unta de sensaciones genera una orden de desahucio en Mi menor.
Eran las 6 am pasadas, Bogotá, como siempre se despertaba
con el inmundo ruido de las ballenas de metal que cubren la ruta
Fontibón-Germania y entristecen los
cielos azules y frondosos de la capital. Mientras iba bajando un puente miraba
las caras de aquellos que, como yo, adoran la buena música, salvan su mundo y
purifican las mañanas, tardes y noches llenas de smog.
Sería la primera vez que los vería en vivo después de más de un año y medio sanándome
con ellos. Estaba feliz pues a mis manos llegaron unas manillas azuladas como
la mañana de ese martes.
Una noche más pasaba, los gritos grises de LA CIUDAD se
intentaban apagar de nuevo, amanecía un miércoles que parecería ser la cima de
la semana, la mitad de la gloria. Pequeñas gotas que se convirtieron en un ejército
estrepitoso de lluvia escupían sobre las
calles el aroma del jazz, cumbia y
ritmos colombianos. Mi salida de la
universidad hacia el teatro de los sueños fue algo agitada, pues nada se
compara a la dualidad que provoca el ir perdiendo el semestre con la sabrosura
del calor que emana un contrabajo, unos tambores y las vibraciones de los
bigotes de la señora guitarra. Me dispuse a bajar el barrio la macarena, donde
está localizada mi universidad, “a toda mecha” y asesinar la distancia ante las
inmensas casi 15 cuadras que me separaban de oniria. Corrían suavemente las 4
de la tardecita y después de ser bendecido hídricamente por el padre cielo, me
introduje en los ojos de la única persona con la que quisiera estar en este
día, la chica de medias rojas y camisa de ratona con queso holandés. MARÍA DAME
UN BESO, le dije y sus labios mordieron mis dientes y susurraron al viento
acordes de bolero: SABOR A MI.
Entramos. Por fin, las
luces parecían desvanecerse en un impresionante destello armonioso en el cual
todo el mundo se había confabulado para
hacer de la televisión y radió pública
la perfecta receta para los miércoles
lluviosos. La noche empezó antes de los esperando, las 7 pm gritaban de celos
pues a su antecesor, las 6, habían elegido para abrir el mundo de la música a
nuestros sentidos. Un grupo de 9 seres aparecieron en escenario y voltearon
todo. Por un momento me olvide de la universidad, del calvo profesor que me
sentencio a repetir geología, de los transmilenios y
aquellos blackberrilleros que atacan a cada centímetro cuadrado. Solo
estaba María, agarrada a mis brazos y yo, agarrado al sombrero de aquella
tienda que todos cantan. No hay nada que envidiarle al resto del mundo, se sabe
que en Colombia los ritmos nacen con amor y pasión, se podría decir que el jazz
se invento en estas cordilleras donde la única escapatoria de los problemas que como colombianos nos
toco padecer es la música, sí, esa que
suena en lo más hondo de las vertebras, de los insectos y plantas de cada
humano, la conexión con la pacha-mama. Una de las mejores muestras artísticas que
he presenciado a mis 20 años de existencia, esencia. Qué importaba que bailara
mal, que tuviera el mal sabor del rolo, si venía del corazón del HURACÁN, qué
importa si los coros en un francés paupérrimo inundaran el lugar, pues venían
del alma, del vibrato que causa el mesié.
Los hilos crespos que componen mi cabello flotaban
cansados de tanto danzar e impregnaban el aire de santísimas sensaciones. María
me dio un beso y agradeció con un abrazo el momento, el haber amado esa noche, yo le respondo y sé que esto no hubiese sido perfecto sin ella.
Todo acabo, quedaron fotografías plasmadas en el aparatejo al que llamo
teléfono celular.
La noche se agrieta, la chica de medias rojas: María, y
yo, de cabello semi húmedo y chaqueta azul nos alejamos dibujando la carrera
séptima a nuestros pies, las palabras nos inundan y envuelven nuestras manos en enmarañadas sensaciones labiales, vendrían los buñuelos y la avena para amenizar el fin
de la engalanada noche. Todo vuelve a la normalidad, el ruido de los motores,
el gas natural, las luces de una navidad mojada, la universidad cómo no. Lo
rojo de la estación del museo del oro y la sonrisita que sentencia el final. Un
poco triste pero más feliz que los demás.
Gracias a Radiónica por salvar mi mundo y el de tantos
otros, a señal Colombia y por supuesto a los grandes animalillos que supieron hacerle el amor a sus instrumentos
para darnos la alegría sonora que se merece el mundo.
Era un gato enamorado de un queso, un queso grande, muy grande, un queso llamado luna, que miraba al gato y otros animales. Vestía ropas con agujeros y monóculos para observar la tierra desde su garaje en el espacio. El gato tenia 5 bigotes, sus garras amarillas desgarraban todo a su paso, toda la impureza vivida de un gato callejero. Andaba siempre con un sombrero, una boina para ser exactos, que le robo a un pequinés mientras este intentaba cortejar a dos lindas ratas en la plaza de la mariposa. Siempre se cubría la oreja derecha pues era una oreja de queso holandés y las palomas podrían comérsela. Tenia gafas de sol y un muy bonito bastón de madera verde con pequeños fragmentos de hojas de libros, pues caminar por los techos de las bibliotecas era su pasatiempo y moldeaba su bastón para impregnar las fragancias voluptuosas de aquellas paginas que lectores agobiados dejaban ver desde sus mesas, "El odio era un vómito que los libraba del vómito mayor, el vómito del alma."1 El gato peleaba con todo el mundo pues todos escribían solo de gatos, por esa misma razón lo escribieron a él. Peleaba por que nadie escribía de perros, de elefantes o de hormigas. Su nombre había sido escrito por todo el mundo, preguntaba a todos el por qué de ésta situación, a lo cual todos respondían con un alto aire de celos en sus palabras: Los gatos son sexys, sensuales, todas las palabras con "S", forman una sombra que refleja las angustias de un ser, un humano.Son muy parecidos, todos aman a los gatos, son simplemente la delicada bola de pelos que escupió el destino. Un día el gato invito a cenar a su tan amado queso,comieron bandeja paisa y él pidió un sancocho adicional en el tejado de el París latinoamericano, y no, no es Buenos Aires, simplemente un restaurante en el oriente de Bogotá. Además de todo era un gato jazzófilo, amaba el contrabajo y asesinaba ratones con sus notas tejidas en desengaño con Arthur(Así se llamaba su instrumento amigo) Su banda, un miriápodo teclista, una medusa que hacia las veces de baterísta y una muy guapa fresh podlle de voz. Iluminaron la noche de aquella Bogotá lluviosa de noviembre, November Rain. Las pinturas de las paredes cobraban vida y bailaban con más de un reciclador que por allí pasaba. Bebieron un jugo de algún extraño sabor y se amaron por segunda vez.
Él dejo su casa, ubicada en las afueras de Bogotá, una linda casita de tejas y cartón con chimenea y muchas raciones de atún, algunas pinturas de perros y su cuadro favorito de don Salvador (G)alí que le regalo su padre antes de irse a recorrer el mundo en una bicicleta azul con ruedas sin sentido.
Navego por ultima vez su amada ciudad, rencontrándose con personajes de diferentes tipos, colores, sabores, texturas, nombres y pensamientos, pero esa es otra historia y será narrada en otra ocasión. Se embriago con un vino barato de atún y emprendió vuelo con su Cadillac hasta la luna. Tocaba algunos temas con su grupo de jazz en ocasiones para recordar viejos momentos y calmar las penas que causa una ciudad sucia, fría y gris, gris que te quiero gris. Peleaba mucho con su enamorado queso lunar pero hacían mucho el amor. Tuvieron quesitos con orejas y gatos mozzarella y ,como en todos los cuentos vivieron muy felices para siempre, no comían perdices pues era un bocado de alta alcurnia.
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1.Clarice Lispector.
Las nubes, en su eterno caminar, volar, van devorando la ciudad y su estrepitoso apetito de aventuras ciegas,desordenadas e intempestuosas. Bellezas corroídas por amarguras borrachas, tangos semi ebrios y letras sobrias, que , en su vapuleante caminar, exigen y generan sonidos incoloros.The sound of silence. Cocinando la vida a los pies de personajes que perturban el alma.
Él, él hombre invisible,sí, aquel soñado por Neruda, tirado en la montaña que parece ser su mendiga y misteriosa voz, sentimiento mental. Arañas en el hombro, cabellos que intentan danzar con el viento una aleatoria vibración de lo vivido. Al fondo, carros, cigarrillos, café,cerveza, cinemas vacíos, ladrillos que componen la monocromia de su hábitat: Bogotá, cromofobia.
Él siente con el almas las etéreas sensaciones que deja un intrépido paso por lo normal. Es un sujeto normal, exactamente eso, sujeto a todo ¡Eso mismo! Intentando desprenderse de las vicisitudes corpóreas e intradermicas. Con su desgastado papel y su desgastado tubo color negro: Lapicero, planta desgastadas ideas en lo que se podría llamar oxigeno de colores románticos sabor a gato negro melomano y jazzófilo. Banderitas que ve a lo lejos mientras ondean con los miedos de esa ciudad que tanto ama.
Él, con el alma en un caja, divisando antropomorfismos bifurcados en la cumbre de su montaña de mierda. Ruega a algo,siente algo, ama algo, huele algo, sueña algo y vuelca su todo hacía ella ¡Ella!Que cocina todo su ser, desde la olla hasta el condimento, su gato se lo comió.
Él, amando, coloreando, musicalizando sus orejas, y sus orejas son ella, todo él es ella. Se aleja y un ser alado: Insecto, se posa en sus dedos de papel succionandole el sabor, pero ¿Qué pasa? se envenena el bichito, se infesta y otra vez lo ha dejado solo.
Él y sus canciones, ella y sus él. Canciones que son vacíos llenos, tortugas de relatos antiguos, fantásticos y amores lesbicos, tangos ibero-américo-astrales con sabor a Buenos Aires y Cortázar por las tardes que llora mundos junto con otros seleccionados.
Susurrándole versos a un viento bañado por ciudad, por instinto y emoción. Desde el mismo balcón donde infinidad de veces he soñado una analogía de vida, nubes y cabellos bañados por el socialmente color infierno. Estructuras adornadas de sesos y deseos, sonidos que se desvaneces en un intenso mar de poesía.
Dos sujetos, y otros dos, una chica y un melancólico sonar de labios y gargantas, de Neruda y ansiedad.
El viento no ha muerto pero ha callado, se ha inmutado, pues las circunstancias lo a meritan mientras me doblego ante cuatro amantes y sus voces sobre la urna enmarañada de mi recinto impenetrable, burdo y voraz : Cabeza.
Las luces se encienden, una noche más rasga con sus impertinentes acompañantes una vulnerable manta de viernes, desde ahora, viernes noctambulo.
No mires el reloj, no hacen falta las arenas del tiempo que recubren tu sensibilidad corporal, en tercera y primera persona, en sombrillas colo purpura y libros añejados en un estante sin moral.
Una araña recorre mi hombro, la agarra y hace de este su hospedador : Yo, muestra de telerañas envueltas de pensamientos y virilidad, de mujeres y busetas, música y poesía.
Los dientes enmudecen y se acaban los sonidos, las vertientes sin significados, palabras heridas sin sintaxis, sin dialéctica y aún así pluscuamperfectas. Tanto por clamar, tanto que llenar. La luna fluye como pepa sobre el mar. Mis cabellos se resignan a caer sobre aquella araña en mi piel. Los dedos se enfrían y es hora de dormir.